El viaje de Kirchner a Estados Unidos
La agenda del presidente Néstor Kirchner en Estados Unidos ha sido amplia, compleja y delicada. La situación política en América latina y en el mundo es difícil y, por lo tanto, los temas que busca resolver en las reuniones formales e informales no son sencillos.
Estados Unidos sigue siendo la primera potencia del mundo, pero a diferencia de otros años su capacidad de decisión, si bien sigue siendo respetable, no es absoluta, está muy limitada por los frentes de tormenta abiertos en Medio Oriente y el Golfo, los conflictos en Asia y las complicadas relaciones con Europa. Por otra parte, es cada vez más conflictiva la relación con gobiernos populistas de América latina que proclaman abiertamente sus críticas a Estados Unidos.
El presidente Kirchner sabe que al imperio se lo puede criticar pero no se lo puede ignorar y, mucho menos, subestimar. Si bien desde la reunión en Mar del Plata las relaciones con Bush se han enfriado, la situación está muy lejos de parecerse a la de Venezuela o Bolivia. Aunque el gobierno argentino parece alinearse cada vez con más entusiasmo en ese eje, las diferencias con Chávez son evidentes, no sólo en los rasgos personales, sino en los problemas que cada uno debe afrontar y el modo de encararlos.
Néstor Kirchner puede simpatizar con algunas de las bravuconadas de Chávez, pero sabe, así se lo dicta su principio de realidad, que la Argentina no es Venezuela y que no soportaría un liderazgo de esas características. Por lo tanto, su visita a Estados Unidos debe enmarcarse en su preocupación por no aislarse de la comunidad internacional y de los grandes centros de poder, más allá de que en los diferentes foros en los que participa mantenga diferencias y no ahorre críticas al FMI o al Banco Mundial.
La estrategia del actual gobierno argentino consistiría en tirar de la cuerda sin romperla, sabiendo que Estados Unidos no está en condiciones de aplicar sanciones o imponer otro tipo de relación. Temas tales como el Alca y el Mercosur, o las relaciones con el Banco Mundial, hoy pueden discutirse sin que las diferencias susciten demasiados conflictos.
El mundo ha cambiado y los inevitables reacomodamientos dan lugar a una relativa autonomía de los protagonistas. Kirchner trata de aprovechar esta situación, pero debe saber que las leyes de la economía y ciertas normas de las relaciones diplomáticas no se pueden violentar, porque tarde o temprano se paga un precio por esos arrebatos.
La presencia del gobierno nacional en Estados Unidos ha sido también una buena oportunidad para relacionarse con los grandes bonetes de la economía y las finanzas. La Argentina necesita inversiones para afrontar el previsible colapso energético y las respuestas más importantes están en los grandes centros del poder económico mundial.
El presidente sabe que criticar o diferenciarse de Bush le permite mejorar su imagen púbica ante una sociedad que mira con ojos críticos las posiciones políticas de Estados Unidos en los últimos años. Pero, también intuye que ciertas carencias, determinadas necesidades, no se resuelven con palabras, sino con hechos, inversiones y capitales. La contradicción entre las palabras y los hechos, la distancia entre la retórica y la sensatez empresarial, dan cuenta de las contradicciones de la actual gestión política y, sobre todo, permite apreciar los alcances y los indisimulables límites de este gobierno.