Vivir sabiamente
Por el Dr. Miguel Ángel Bravo

El siglo XX se caracterizó por espectaculares avances realizados en el ámbito científico-tecnológico. Concluida la Segunda Guerra Mundial, los países devastados iniciaron un proceso de recuperación de lo perdido, ubicando la mira en captar científicos de primer nivel mundial con la finalidad de apoyar la investigación.

Los excelentes resultados obtenidos determinaron importantes progresos en medicina, implementando nuevos conceptos, como la prevención en salud, en pos de evitar distintas enfermedades o en otros casos frenar su avance. Dichas medidas, junto a grandes descubrimientos, permitieron detener el curso de diferentes patologías, con el consiguiente descenso de los índices de mortalidad.

Un porcentaje importante de fallecimientos en forma inesperada y repentina, también se podría impedir teniendo en cuenta determinadas pautas preventivas como:

* Periódicamente, visitar al profesional médico y realizar exámenes de salud. Esto es de vital importancia para detectar en forma temprana cualquier tipo de enfermedad, minimizando sus consecuencias.

La consigna por consiguiente es "ganarle a la enfermedad, evitando sorpresas".

En nuestro país, la causa más frecuente de muerte es la enfermedad cardíaca. El deterioro de este órgano vital se debe principalmente a una serie de elementos que llamamos factores de riesgo que afectan al corazón.

Dentro de los mismos, destacamos la presión arterial elevada (hipertensión arterial), aumento de grasas en la sangre (especialmente el colesterol), el hábito de fumar, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo y el estrés (excesiva tensión psicológica y social).

La consulta médica realizada en forma periódica permitiría en caso de encontrarse alterado alguno o algunos de los factores de riesgo ya enumerados, iniciar el tratamiento correspondiente, alejando de esta manera las posibilidades de contraer alguna enfermedad cardíaca, especialmente el tan temido Infarto de corazón.

La segunda causa de muerte la constituye el cáncer, en sus diferentes presentaciones. Los exámenes médicos pueden descubrir tempranamente la presencia de alguna tumoración maligna, comenzando con la medicación y/o procedimiento adecuado.

* Desarrollar ejercicio físico regularmente.

Dentro de los diferentes esquemas terapéuticos, el ejercicio físico juega un rol fundamental. Los efectos deletéreos de los Factores de Riesgo que dañan al corazón, antes mencionados, al igual que la alteración y fragilidad de los huesos (osteoporosis) y diversos trastornos del sistema nervioso, tales como insomnio, irritabilidad extrema, episodios de angustia y ansiedad, son beneficiosamente contrastados a través del ejercicio físico.

Investigaciones realizadas en los últimos años determinan la importancia del ejercicio físico, previniendo la incidencia de ciertos tumores malignos (mama, útero, esófago, intestino y riñón).

* Evitar el tabaco.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera al tabaquismo como una epidemia que azota al mundo causando 5 millones de muertes por año. En las últimas décadas, se ha observado un aumento considerable en el consumo por parte del sexo femenino y entre los jóvenes. Resulta un factor desencadenante de numerosas enfermedades, tales como las relacionadas con el corazón, cerebro, miembros inferiores, pulmones y diferentes tipos de cáncer.

Programas educacionales junto a las distintas terapias antitabaco existentes en la actualidad, son altamente aconsejables para aquellas personas que adquirieron el hábito.

Es importante destacar la importancia de los medios de comunicación, alertando a los diferentes estratos sociales acerca de las nefastas consecuencias del tabaquismo, tristemente denominado "suicidio lento".

* Aprender a manejarse personalmente frente al estrés.

La sociedad argentina, como gran parte de las sociedades de occidente, se encuentra atravesando momentos demasiado conflictivos. Situaciones económicas angustiantes con repercusión en el plano social, inestabilidad en la esfera laboral, así como enorme preocupación por la inseguridad imperante en diversas zonas de nuestro territorio, son sus manifestaciones más evidentes. Estas circunstancias generan en la población una gran tensión psicológica y social, conocida como estrés.

El organismo humano comienza a padecer sus consecuencias en forma de síntomas, destacándose entre los más groseros y evidentes las palpitaciones, la acidez gástrica excesiva, molestias musculares en la región del cuello y la nuca, dolor de cabeza, trastornos intestinales, picazón, mareos, trastornos visuales, alteraciones de la memoria y de concentración. Se sugiere controlar las consecuencias muchas veces nefastas de estos procesos, modificando el estilo de vida y atemperar la conducta emocional.

* Alimentarse sana y naturalmente.

Las dietas actuales, en numerosos casos, son verdaderos generadoras de enfermedades. Se recomienda basar la alimentación en variedad de frutas, vegetales y legumbres. Además es importante mejorar la calidad de los llamados hidratos de carbono, consumir buenas proteínas, que son aquéllas provenientes de vegetales, granos o nueces, suplementadas con pescado, carnes y lácteos. Evitar las grasas saturadas (grasa animal), que están en las carnes procesadas, lácteos enteros y carnes rojas.

En lo que concierne a la sal, se sugiere disminuir su consumo. El límite máximo diario equivale a una cucharadita de té. En numerosos casos, la sal es factor predisponerte de hipertensión arterial (presión arterial elevada).

* Controlar la ingesta de sustancias tóxicas.

Abundan actualmente las actitudes destructivas y la ingestión de numerosas sustancias tóxicas, como el alcohol y distintos tipos de drogas. El consumo excesivo de alcohol produce alteraciones en distintos órganos, siendo los más afectados el cerebro, el hígado y el corazón, junto a la repercusión que produce en el plano social, con conductas realmente lastimosas. El abuso de drogas tiene dramáticas consecuencias en la esfera psicológica y física, junto al tremendo impacto que ocasiona en la comunidad.

Los griegos, inventores de innumerables vocablos, distinguían con frecuencia entre el saber, en tanto que conocimiento teórico, y la sabiduría, como el conocimiento a la vez teórico y práctico, propio del llamado sabio. La prevención ha adquirido en la actualidad una relevancia extrema; poner en práctica sus métodos nos permite de alguna manera vivir sabiamente.