El Senado santafesino adoptó ayer una decisión cuyos efectos jurídicos, sociales y políticos aún no se conocen. Seguramente, habrá tiempo para que la opinión pública valore la seriedad de su declaración, que pondrá en alerta a más de un sector.
El proyecto llegó al recinto de la forma acostumbrada -como si fuera uno más- en el cuadernillo de los Asuntos Entrados, pero encabezando los proyectos que, con el correr de la sesión y el levantar de las manos, se convirtieron luego en las Declaraciones del Senado.
No hubo debate, ni discursos que sustenten la posición asumida por la Cámara Alta.
Al momento de sopesar las posiciones que asume un órgano deliberativo, la crónica parlamentaria más rigurosa exige observar la evolución del trámite legislativo, tanto como las declaraciones que lo acompañan: el despacho impulsado por el senador por Vera no necesitó de discusiones en comisiones, ni de considerandos. Logró la unanimidad que envidiaría más de una ley, con lo que difícilmente queden resquicios para que planteen sus quejas quienes eventualmente se sientan afectados.
Es cierto que hubo un silencio algo más profundo y prolongado que el que antecede la sanción de otros proyectos (y que en las barras se murmuró "�Cómo, no va a hablar...?"). También es verdad que ciertas miradas en el recinto no pudieron ocultar su algarabía, acaso una señal de su satisfacción. Mientras, otras caras, al oír "aprobado" se transformaron, tragando saliva como para no atorarse con el sapo. Más de una ceja se arqueó -entre el asombro y la preocupación por lo que habían votado- quizá por el peso del texto en tratamiento; pero hacer lecturas sobre lo gestual no sería serio.
Que se sepa: la Cámara de Senadores declaró "su adhesión a la conmemoración del 21 de setiembre, Día del Estudiante".