SEÑAL DE AJUSTE

Las vedettes también tienen corazón

Ilustración Lucas Cejas.. 

La operación por problemas de columna de la mamá del misionero Manuel Rodríguez le ganó a la escuelita tucumana de alta montaña que necesitaba de un medio de transporte para evitar a sus alumnos dos horas y media de viaje a caballo, con el cual soñaba el docente Darío Díaz Fassola.

En el caso de Manuel, debió atacar diversos ritmos con Florencia de la V, mientras su contendiente se esforzaba en la compañía más agradable de María Eugenia Ritó. El voto del público, menos homofóbico que el del jurado, determinó que la cirugía de la señora llegara a la final del torneo programada para el próximo lunes, en el concurso de "Showmatch" denominado "Bailando por un sueño", en tanto que los 150 chicos deberán seguir cabalgando para llegar a su escuela.

Las vedettes también tienen corazón, y resulta posible conmoverse por el empeño que exhiben para que se jubilen un par de abuelos, se concrete un transplante de riñón o se construya un hogar para mujeres violadas. Sin embargo, tanto altruismo se parece demasiado a una excusa inventada para legitimar un show conventillero a través de acciones solidarias a las que, es visible, en todo momento les resulta incómodo invocar, ya que las menciones a los gestos benéficos se integran forzadamente al espectáculo. La puesta en escena mejoraría sin enfermedades y urgencias comunitarias. Además, sería más decente y menos hipócrita prescindir de tanto justificativo social, para abocarse al depurado atractivo de las riñas que constituyen la base misma de un show que apela a una morbosidad infantil, la misma que acompañó, alguna vez, el éxito inofensivo de "Titanes en el ring".

LA PREVIA

El lunes a media tarde, como antesala de la semifinal, hasta hubo una previa con debate, como fue llamada por los organizadores. La gracia, naturalmente, se encuentra en los insultos que, en boca de Florencia de la V, alcanzan gran temperatura. Según Polino, "se ganó al público con la lengua", y no como la Ritó, que lo hizo bailando. Esta última, por su parte, amenazó con abogados ante los dichos del muchacho vestido de mujer con el cual rivaliza en la pista, al cual, según la implacable jurado Laura Fidalgo, "le importa un pito el sueño".

Carmen Barbieri, conduciendo "La Previa", buscó roña y la encontró con la facilidad que procuran estos simulacros. "Hay que pararse en el escenario con una tanga y mover el culo bien", ha desafiado Flor quien, luego, habrá de besarse con su enemiga Ritó, ya que en este show las reconciliaciones rápidas son la otra cara del agravio. Y en medio de la grosería, Ethel Rojo habla con seriedad, como si estuviera en un aula de la Sorbona, y advierte que Ritó es "una mujer efervescente".

En la previa hay móviles en directo que reciben a las contrincantes que llegan para el último ensayo, en un medio ambiente que hace que el pesaje de la Hiena Barrios, la semana pasada, se asemeje a una ceremonia religiosa.

Como se sabe, además, también se explota el conflicto generacional de las vedettes. Todos coinciden en que la participación de Moria fue "muy digna", y tanta delicadeza de trato resulta contraproducente, ya que parecen referirse a una reina momificada del Alto Egipto.

En cierto momento, ese choque de edades en lo que Jorge Lafauci llama con grandilocuencia "un semillero de estrellas de la danza, como Fama", estalla, se intercambian gritos y entre ellos se escucha la expresión "vieja chota", una señal de que la confrontación ha llegado al límite de vulgaridad, descuidando que también se encuentran involucrados los 150 niños de la escuelita tucumana, la mamá enferma de Manuel, los pequeños internos de la sala de neonatología de un hospital de Bahía Blanca, la joven que nació con esclerosis tuberosa, los chicos de la calle que necesitan una institución en Salta y los pacientes que piden la creación de un centro oncológico en el hospital de General Roca.

ROBERTO MAURER