En el Colegio de la Inmaculada

El Patio de los Naranjos


Durante la construcción del actual edificio del Colegio, el patio es utilizado como depósito de materiales. Los primitivos árboles desaparecen y sólo se conserva el viejo lapacho. Segunda década del siglo XX.

Ing. Jorge Terpin

Habéis muerto, naranjos seculares

henchidos de perfumes y rumores>

que llenábais con bálsamos de azahares>

patios, aulas, iglesia y corredores....>

Alfonso Durán>

Dispuesto el traslado de la ciudad desde los antiguos sitios hasta el actual, los Jesuitas se abocaron a las tareas que podríamos llamar fundacionales con tal empeño, que el 15 de noviembre de 1658, el Rector P. Antonio Manquiano escribía "... al presente estamos poblados en la Nueva Ciudad...".>

Además del lote que les fue asignado por corresponderles, a poco del traslado adquieren la otra mitad de la manzana, de tal manera que el terreno que finalmente ocuparon comprendía, como se puede constatar en un plano de 1771, de una cuadra frente a la plaza y -caso único en Santa Fe- dos de fondo que daban sobre el río.>

Las obras del Colegio se fueron realizando en forma paralela a la Iglesia, en sucesivos trabajos que transcurrieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII y continuaron ininterrumpidamente, durante el siguiente hasta la expulsión en 1767.>

Con materiales vernáculos

Cabe consignar que una de las características de la arquitectura jesuítica fue la utilización de los materiales vernáculos en la construcción, mientras que la edificación se estructuró alrededor de patios, a partir de una serie de aposentos no necesariamente conectados, construidos sobre la calle "del Colegio" o "de la Compañía" -actualmente San Martín- y que continuaban en ángulo recto con otras celdas paralelas a la Iglesia. Finalmente un grupo de dependencias realizaba el cerramiento por el oriente del Patio llamado ya en 1714 "principal" o "jardín", y en donde había árboles incluyendo algunos naranjos.

En un plano del Colegio en 1793, se hace constar que en el Primer Patio existía "pozo de balde, dos palmeras grandes, cinco naranjos dulces y uno agrio. Corredores con arquería..." y separado por una serie de celdas se abría un segundo patio "con corredores, dos de cal y ladrillo y dos con postes labrados de ñandubay", el que según Inventario de 1795 contaba con "un parral, 4 naranjos chinos, 3 agrios, uno de toronja y 3 de sidra".>

Huerta y viña

Por otra parte, casi la mitad de la manzana sobre la plaza, en una extensión de 40 metros hacia el sur de las construcciones de la Iglesia y Colegio, estaba ocupada por la huerta y viña que existió por lo menos desde 1724 y seguramente hasta 1767. Para este solar, en abril de 1745 el Provincial P. Nusdorfer dispuso: "... Cultiven otra vez la huerta y viña, téngase una chacarita como antes para alivio del refrectorio...".

Si bien los jesuitas habían comenzado la plantación de naranjos, los "próximos a la Iglesia los había plantado el mercedario Padre Camacho, que murió en 1848" y luego de la Expulsión estos árboles se fueron multiplicando de tal manera, que casi un siglo después las naranjas eran un importante recurso para la Iglesia: "... las vendidas en 1862 reportaron 192 pesos...".>

El complejo jesuítico merece la atención de viajeros, y al respecto Lina Beck Bernard expresa: "... Hemos recorrido este inmenso edificio, construido con la solidez propia de la arquitectura jesuítica. Un claustro formado de hermosas arcadas encuentra un patio enorme plantado de naranjos que dan una sombra espesa y perfumada. En medio del patio hay un pozo cuyo brocal está rematado por un arco en ojiva, de hierro forjado...".>

Reabierto el Colegio en 1862, los jesuitas recuperan su antiguo edilicio y desde el comienzo se le conoció con el nombre de Patio de los Naranjos, el que por entonces se encontraba circundado por edificaciones de la época colonial, "... de sólo planta baja, con techo a dos aguas y con amplios aleros a cada lado..." y en 1902 "... no bajarían de unos treinta los naranjos que allí había, y algunos de ellos eran árboles añosos, carcomidos por la vejez, testigos mudos de la historia colonial y de la época independiente...".>

La Virgen Blanca

El P. Guillermo Furlong nos habla del patio tal "como lo conocimos en 1902-1903", recordando que a poco de entrar por la antigua Portería y trasponiendo el oscuro zaguán, se accedía al Patio de los Naranjos entonces cruzado por caminos enladrillados. Inmediatamente, recibía al visitante el templete de dos metros de lado por tres de alto, revestido de baldosas esmaltadas, que envuelto en plantas trepadoras cobijaba la Virgen Blanca, tradicional imagen de origen francés que desde 1864 se veneraba en ese lugar.

A sus costados "... dos jaulas grandes como ranchos y en ellas había canarios y cardenales, tacuaritas y jilgueros...", generaban "la callecita de entrada al patio", sombreado por la masa oscura de los naranjos, a los que se sumaban eucaliptus, aguaribayes y el lapacho plantado por el Hno. Laurindo Da Silva, único que se conserva de aquellos tiempos.>

En el centro del patio se encontraba un quiosco o pagoda de hierro cubierta totalmente de glicinas y coronada por una "veleta inconmovible que solía marcar la variante del último ventarrón...". Bajo ella, el gran aljibe "con su roldana, su cadena herrumbrosa y todo suspendido en el centro de un arco de forja".>

El aljibe que recogía las lluvias proveía con su cisterna el agua para el consumo diario del Colegio y a él "... acudían los vecinos con jarros y botellones y hasta el portero del Cabildo, Hildebrando, se presentaba, cada dos por tres, para llevar agua a Su Excelencia, el Sr. Gobernador".>

Al iniciarse la construcción del actual edificio, el Patio fue utilizado como depósito de los materiales y durante años "no fue posible pensar en arreglo u orden alguno". Ello determinó la desaparición de la mayoría de las especies y al finalizar las obras se dispuso modificar definitivamente el viejo jardín de umbrosos naranjos y perfumadas glicinas, "sólo subsistió el lapacho, ya que los actuales y tímidos naranjos son de una época posterior".>

Lamentablemente, con la construcción en 1944 del gran patio cubierto y del Auditorium, entre 1945 y 1947 que se realizan "tomando parte del patio de los naranjos y el patio gótico de los padres...", se completa la modificación del histórico ámbito y como mudo testimonio de los desaparecidos naranjos, en la Sacristía se conserva un sillón en el que se encuentra grabado: "Recuerdo del último Naranjo del Colegio- Nbre. 9 de 1922".>

Quizás ha llegado el momento de darles vida nuevamente y que los nobles naranjos vuelvan a adueñarse del histórico y entrañable Patio, donde cobijados por el lapacho del Hno. Laurindo, escuchen los versos de Victorino DeCarolis:>

El lapacho, el naranjo y el jazmín.>

Y por helicoidal preordenación>

No se ve el naranjal en el jardín>

Porque el jardín está en el corazón >

BibliografíaFurlong, Guillermo: Historia del Colegio de la Inmaculada de la Ciudad de Santa Fe. Edición de la Sociedad de ex Alumnos - Filial Buenos Aires. 1962.Furlong, Guillermo: Trabajos Inéditos - Archivo del Colegio de la Inmaculada Concepción.