Alejandro Galetto
Hace ya muchos años que la idea se instaló en la conciencia colectiva del fútbol. "Cada vez más se da el hecho de que se formen jugadores que corren, en detrimento de los que piensan y saben jugar en serio". En connivencia con esta afirmación, empezaron a desaparecer los volantes de banda con inteligencia y habilidad, y fueron siendo reemplazados por aquellos incansables, de ida y vuelta, que podían sumarse a la función de ataque pero que también debían cumplir a la hora de bajar y ayudar en el esquema defensivo. Éstos fueron llamados "carrileros".
En los inicios del fútbol profesional en nuestro país, se echaba mano a la utilización de un esquema con dos defensores, tres mediocampistas y cinco delanteros que se desplegaban como aviones al ataque en el campo contrario. Esa era la propuesta cuando se plasmaba la idea de cada entrenador en los viejos pizarrones negros. Sin embargo, la práctica no era tan fiel a esa teoría.
Según se planteaba, delante del arquero se plantaban dos defensores (denominados backs, por derecha y por izquierda). Ya en la mitad de la cancha se desempeñaban el half por una banda, otro por la otra y el centrohalf. Adelante, y anunciados como atacantes estaban los insiders (uno por cada sector), los punteros o wines (derecho e izquierdo) y el centroforward, el hombre más adelantado del equipo, generalmente el artillero. �Pero era real esta disposición?>
Algunos proponen que en realidad ya se apelaba al célebre 4-3-3, ya que los "halfs" retrocedían para sumarse a los "backs" y los "insiders" se plegaban a la labor de volantes para ayudar el centrohalf. Así, quedaban solos arriba los punteros y el centrodelantero. Pero hay otro que piensan que los "insiders" ya cumplían una función de enlace entre el mediocampo y los delanteros, con lo cual ya se detectaría allí un embrión del futuro "enganche".>
Con los años, el dibujo táctico mutó definitivamente y se blanqueó la utilización del 4-3-3. Allí se afianzó el esquema que contenía dos zagueros y dos laterales en la defensa; un volante central y dos por las bandas en el medio; dos "wings" (uno por cada punta) y el centrodelantero.
A finales de la década del "70 ese dibujo comenzó a sufrir una nueva variación, algo que se pudo apreciar fundamentalmente en River y Boca, tal vez por ser los equipos que más fueron destacados siempre por la prensa nacional. El wing izquierdo empezó a cumplir una obligación un poco más defensiva, retrocedió a la mitad de la cancha y así otorgó libertad para que el volante por ese sector (generalmente el futbolista que mejor entendía la misión de crear juego) se corriera hacia el medio, adelante del volante central para crear la función de enganche. En aquellas épocas era denominado "cuarto volante".>
En el elenco del barrio de Núñez ocurrió con el retroceso de Emilio Nicolás Comisso hasta la zona izquierda del mediocampo y el corrimiento de Norberto Alonso a la nueva zona clave de la gestación de fútbol. En tanto, en Boca fue Veglio quien debió comenzar a cumplir una labor un tanto más sacrificada para que Mario Nicasio Zanabria, con su zurda exquisita, se calzara esa pilcha flamante.>
Con el tiempo, cada equipo se fue adhiriendo a esa "revolución" del juego y empezaron a colocar al futbolista más hábil o inteligente para cumplir aquella nueva labor. En consecuencia, en algunos conjuntos mutaba el mediocampista derecho o hasta algún volante central que >
reunía suficientes condiciones como para convertirse definitivamente en el armador del equipo.>
La saludable aparición del volante creativo sirvió para generar un muestrario de jugadores talentosos, hábiles, inteligentes y estratégicos. Generalmente, los exponentes de esta posición eran hombres dúctiles, con inimaginables capacidades no sólo para sacarse de encima a un rival por sí solo sino también para dejar mano a mano a un compañero con el arquero oponente. Esas son las características del verdadero "enganche", tal como se lo comenzó a denominar en la década del noventa al cuarto volante.
Dentro de los jugadores que son dueños de esos requisitos en nuestro fútbol, tal vez la figura más emblemática sea la de Juan Román Riquelme, como alguna vez fue la de Diego Armando Maradona o la de Ricardo Enrique Bochini. En nuestro fútbol, los equipos que mejor delimitado tienen esa posición son River (con Marcelo Gallardo) e Independiente (de la mano de Daniel Montenegro). Boca lo cumplía con Federico Insúa, perfecto nexo del elenco multicampeón de Alfio Basile, pero desde su partida no cuenta con un futbolista de esas precisas y específicas características. Incluso en los últimos días, hasta el elenco de Passarella prescindió del factor enlace, lo que marca de manera manifiesta la crisis de ese puesto. El esquema en boga marca un mediocampo con cuatro o cinco volantes con la figura de "doble cinco", uno de los cuales juega un tanto más adelantado y se desempeña en ese terreno, aunque no con la misma eficacia ni estética. >
Haciendo un rápido repaso por las formaciones de muchos elencos de nuestro fútbol -incluidos los de nuestra ciudad- surge una conclusión contundente: el puesto de enganche se encuentra en plena pérdida de importancia. Atrás quedaron los días en que todos los niños deseaban ser el creativo del equipo, y si algún caso subsiste, los entrenadores, con sus renovaciones tácticas y estratégicas, van coartando esa posibilidad de desarrollo hasta hacerlos perder tal vez la capacidad de llevar adelante esa función.
El tiempo tendrá la última palabra pero así como se perdieron definitivamente los "wings" (primero apelando a utilizar dos delanteros, uno por adentro y otro por afuera; después, sacando de escena casi definitivamente a aquellos que encarnaban la misión de "abrelatas"), el enganche parece ir camino a la desaparición del mapa futbolístico, no sólo nacional sino mundial. La solución está en las canteras. Desde allí, de la misma manera que se defiende cualquier especie en extinción en el mundo animal, deben ser detectados los ejemplares, preservados y también poner todo el esfuerzo en pos de reproducirlos. Para que el fútbol no caiga para siempre en el juego de un puñado de corredores y metedores. Y para que no deje de ser la ley del más inteligente y se torne, irreversiblemente, en la ley del más fuerte.>