A Esteban la sensación de ahogo, de falta de aire, de que el corazón iba a salirse del pecho se le había vuelto una pesadilla recurrente. Sudor frío corriéndole por el cuerpo, palpitaciones, temblor en las piernas lo mantenían paralizado durante eternos minutos mientras lograba recuperarse. Hasta que el episodio ocurrió en pleno embotellamiento de tránsito, en medio de una multitud -o lo que a él le pareció una multitud- de vehículos atorados por un semáforo descompuesto. Y no aguantó más. Salió de su vehículo, lo dejó abandonado y corrió hasta encontrar un lugar que lo hiciera sentir seguro. Había sufrido una crisis de pánico.
Laura no sabía que era una crisis de pánico eso que un día de marzo de 2005 la alejó de su trabajo, al que aún no pudo volver. "Me empecé a sentir ahogada, sofocada, no podía respirar, parecía un espasmo bronquial", recuerda ahora. Cuando volvía a su casa en auto por la misma ruta que transitaba siempre, la calle se le presentó como una cinta en permanente movimiento. Las placas radiográficas y los demás exámenes descartaron problemas cardíacos y complicaciones en el sistema respiratorio. Llevó algún tiempo poner nombre a lo que había ocurrido y trabajar en el cuadro que había desencadenado la crisis que -descubrió después- se estaba gestando desde hacía años.>
Definido como un trastorno agudo dentro de las patologías asociadas a la ansiedad, los ataques de pánico fueron descriptos a lo largo de la historia con diferentes denominaciones e interpretaciones, y se volvieron más visibles en las últimas dos décadas. "En la medida en que la ansiedad aumenta, se incrementan estas situaciones", explicó a Nosotros el médico psiquiatra Federico Domínguez.
La ansiedad se manifiesta en trastornos agudos como el mencionado, en forma generalizada, en estrés, y en situaciones crónicas como fobias, histerias o trastorno obsesivo compulsivo. Se calcula que un diez por ciento de la población padece desórdenes de la ansiedad en sus distintas manifestaciones. Es un componente normal, "el oxígeno, el combustible de nuestras inquietudes, nuestras ambiciones, deseos, emociones, sentimientos y metas". Pero se vuelve patológica cuando es más lo que se genera que lo que se puede canalizar.>
"El pánico en sí mismo no constituye una enfermedad, sino que es un elemento más elocuente; a veces se empieza trabajando ese síntoma y se van encontrando otras cosas", aportó la psicoanalista Alba Bielsa. En ese punto evaluó que el síntoma es un emergente "de lo que se muestra, pero también de lo que se oculta".>
La crisis de pánico es un episodio agudo que comienza en cuestión de minutos; la persona se siente abrumada por una sensación de miedo irracional, con pensamientos catastróficos, con la idea de que se va a desmayar, que va a enloquecer o se va a morir. "Entra en un estado de pánico y desesperación que no tiene ninguna posibilidad de controlar por sí misma; la razón está totalmente superada por una descarga emocional".
En la descripción de los síntomas hay muy pocas diferencias entre las distintas historias que llegan a los consultorios: sensación de falta de aire, dificultades para respirar; el corazón empieza a latir más rápido, con fuerza, como si lo hiciera contra el pecho y con una frecuencia inusual. A todo esto se agrega una sudoración fría y la sensación de inestabilidad en el cuerpo, como si perdiera fuerza, con un temblor generalizado en manos y piernas, y oscilación de la presión arterial. Junto con todos estos síntomas aparecen pensamientos catastróficos sobre la posibilidad de morir o enloquecer.>
"Si nos ponemos a estudiar al paciente en forma retrospectiva, nos damos cuenta de que siempre -o la mayoría de las veces- ha tenido dificultades en el manejo de la ansiedad. A lo mejor ha tenido otro tipo de episodios o ha sufrido estrés. Pero de algún modo siempre ha logrado manejar la situación, canalizarla, desembarazarse de esa tensión sin llegar a hacer un ataque de pánico. Sin embargo, ocurre que distintas circunstancias en la vida de un paciente hacen que ese monto de ansiedad sea mayor o bien puede ser que los mecanismos de defensa comenzaron a claudicar". Es probable que todo se desencadene ante una situación de duelo, una pérdida importante o en circunstancias que generan conflicto.>
Como en el caso de Laura, es habitual que a la consulta con un especialista en salud mental, el paciente llegue después de haber pasado -más de una vez, incluso-, por un examen cardiológico o clínico. A partir de allí y luego de descartar patologías en el sistema cardiorrespiratorio, es importante la derivación. En este punto, los profesionales coinciden en que tan contraproducente como la medicación sin derivación, es la automedicación, que puede calmar los síntomas pero no resolver el tema de fondo. E igual de grave es "el consumo de alcohol, que es la complicación más frecuente que desarrolla el paciente en su afán por seguir avanzando", aseguró Domínguez.>
Cuando la crisis se presenta, es fundamental "contener al paciente, que sepa que está respaldado, que esas crisis se van a controlar y, paralelamente, trabajar en la parte psicológica para que el paciente pueda encuadrar el problema, sepa cuáles son las situaciones de conflicto que están generando tanta ansiedad".>
�Son más frecuentes los trastornos de ansiedad? "Hay otras exigencias, otras dificultades para satisfacer necesidades que se van generando por las mismas pautas culturales, por la evolución de la sociedad y agravadas en un país donde se viven muchas situaciones de incertidumbre, de malestar económico y social, donde la educación de los hijos o la proyección del futuro se asume como un permanente interrogante. Hay personas que por su formación y configuración pueden manejar mejor estas situaciones, y otras a las que les produce una enorme ansiedad", sostuvo Domínguez.
"Creo que los modos de enfermar están relacionados con la época", confió Bielsa, para quien "un sujeto está en un entorno, en interacción con otros, con la tecnología, ideales, expectativas y, entonces, se enferma de acuerdo a su época".>
Los modos de relación también han cambiado: "pensemos que hace 50 años alguien nacía, crecía, se casaba y vivía -probablemente- en el mismo barrio. Hoy eso no existe, la precariedad laboral es una fuente de otros síntomas", describió la psicoanalista, aunque advirtió que "podemos pensar que trabajar y vivir 40 años en el mismo lugar también era enfermante y generaba otros malestares. Creo que esto es también una cuestión freudiana del malestar de la cultura".>
Laura pudo identificar la causa de su problema: presión en el ámbito laboral, expectativas de sus superiores a las que intentaba responder, el dinero que no alcanzaba y un alto nivel de autoexigencia y responsabilidad. Y todo terminó mezclado en un cóctel que explotó en ataques de pánico, en licencias laborales que no resolvieron la cuestión de fondo, y en un miedo irracional a la exposición pública. Finalmente, llegó el tratamiento de manos de un profesional que encontró palabras apropiadas a lo que le ocurría.>
La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe a la crisis de pánico como un episodio puntual de temor o de malestar, que se inicia bruscamente, alcanza su máxima intensidad en pocos segundos y dura algunos minutos.
Los síntomas son varios y la OMS los distingue entre generales y particulares:
Además, existen: