Existen buenas expectativas respecto de la ley de educación programada por el gobierno nacional y legitimada a través de un complejo mecanismo de consultas con el conjunto de la comunidad educativa. El proyecto se preocupa por dar respuesta a los problemas más acuciantes sobre la base de asumir que no se puede pensar un proyecto serio de Nación para el siglo XXI sin la adecuada capacitación de la sociedad.
La reforma educativa programada a principios de los '90 será superada por este proyecto que se propone corregir vicios, distorsiones e inequidades que gravitan sobre el sistema educativo en su conjunto. La ley intenta dar respuestas adecuadas a temas tales como la deserción escolar, el desgranamiento, la obligatoriedad real de la enseñanza primaria y su extensión a la enseñanza media, la adaptación de los planes de estudios y la integración del conjunto de la comunidad educativa a un proyecto común.>
El reconocimiento de la labor docente y su capacitación permanente para atender los nuevos desafíos pedagógicos es otro de los capítulos importantes. No hay calidad educativa en abstracto, para que el objetivo sea cumplido es necesario invertir recursos y capacitar al principal actor del sistema: el maestro, la capacitación incluye, por supuesto, sueldos dignos ya que la tarea del docente no es un "apostolado" sino un servicio profesional que como tal debe ser entendido.>
Cada vez que se habla de una ley de educación surge un gran interrogante: �cómo hacer efectiva la ley?, �cómo impedir que las estrategias delineadas no queden reducidas a un conjunto de buenas intenciones?, �cómo lograr -en definitiva- que las frustraciones de experiencias pasadas no se reiteren?>
El gobierno nacional ha promovido una propuesta cuyas líneas principales son correctas y atienden a los problemas reales que afectan al sistema educativo. Lo que importa, de aquí en adelante, es la voluntad política de la clase dirigente, el correcto funcionamiento de las instituciones y, muy en particular, la participación de la comunidad educativa, es decir, padres, cooperadoras, vecinos, sociedad civil en su conjunto. No hay reforma en la educación sin un cambio en las conductas y sin un compromiso de la sociedad en esa dirección.>
Los debates educativos suelen tomar como referencia histórica la formidable transformación llevada adelante por la Generación del 80. No está mal que así sea, porque efectivamente la Argentina produjo en aquellos años un cambio extraordinario, pero importa aclarar que los problemas educativos que se nos presentan en el siglo XXI tienen poco que ver con los que debieron afrontar Sarmiento, Avellaneda y Roca.>
"Educar al soberano" hoy exige algo más que lo contemplado entonces por la ley 1420. Aprender a leer y escribir sigue siendo un objetivo importante, pero hoy la escuela primaria no alcanza para constituir al ciudadano o sus alcances son muy débiles. Dicho de manera más directa: urge entender que debemos recuperar el tiempo perdido en materia educativa y, al mismo tiempo, reformular nuevos objetivos en un mundo de aceleradas transformaciones científicas, tecnológicas y sociales.>