Rosa Gronda
Con el comienzo del siglo XXI, la filmografía de Rohmer ha emprendido un nuevo ciclo, bajo el aparente formato de tragedias históricas, con una concepción particular en la forma de filmar el pasado, que llega a subvertir los esquemas convencionales del cine histórico, y en el caso de su última película "Triple agente", del thriller político y de las películas de espías.
Así como en "El duque y la dama" el cineasta había dado -a través de una historia de amor- su versión de la Revolución francesa y sus contradicciones; ahora se introduce en las internas del comunismo staliniano, que no vaciló en exterminar a militantes socialistas anarquistas y en pactar con Hitler.>
A partir del caso real conocido como affaire Skobline, Rohmer recrea libremente la personalidad del misterioso triple agente (Fiodor Voronin en la ficción); y lo hace retratando algunos aspectos de su vida privada.>
Fiodor es un joven oficial ruso exiliado en París, que trabaja como espía, aunque nunca se sabe bien para quién y para cuántos, junto con su esposa Arsinoe, una pintora griega, autora de cuadros figurativos y realistas, de la que sabemos por sus conversaciones con vecinos, que no comprende el arte de Picasso pero que le gusta.>
Alrededor de la pareja está el eco de las contradicciones trágicas propias de un período histórico no demasiado conocido, que va desde el triunfo del Frente Popular francés, cuando en 1938 se inicia la Guerra Civil Española, como escenario previo que devino en la Segunda Guerra Mundial.>
Formalmente, además de la palabra y cierta ambientación de época, el modo en que la Historia irrumpe en la ficción es mediante el contraste intermitente que ofrecen fragmentos de noticieros de la época.>
El film está dividido en fundidos y subtítulos que marcan una cronología que nunca va hacia atrás (no existen los flashbacks) y el mencionado recurso de los fragmentos documentales se integra como una huella estética del tiempo retratado.>
Conviene advertir que, a diferencia de otras películas de Rohmer donde la empatía pasaba por lo emocional, la distancia será insalvable si el espectador no está informado de los entretelones de la historia, de los conflictos internos que también se reflejan en el arte del momento, que al igual que la política se divide en internas entre realistas y vanguardistas, generando paradojas entre comunistas que admiran el cubismo de Kandinsky pero admiten que los artistas rusos más destacados están en el exilio.>
Las referencias al pasado aparecen siempre de forma indirecta, a través de lo que dice un personaje, y no de forma directa, un recurso propio de la literatura, ya habitual en Rohmer, pero que aquí se exacerba, haciendo de la palabra una puesta en escena.
En vez de sucesos vemos fundamentalmente personajes que hablan: en exteriores e interiores, en una fiesta, en un almuerzo, alrededor de una mesa, en el sofá y hasta en la cama.>
A través de una dialéctica netamente rohmeriana, donde para reflexionar de política se habla de pintura o donde Fiodor Voronin disfraza, mediante la retórica, sus dobles o triples intenciones. A lo largo de la película se exponen ambiguos -y en algunos casos memorables- discursos, donde se entrecruzan verdad y mentira, afectos, doble moral y, finalmente, traición y muerte.>
El énfasis está puesto en la palabra y su poder engañoso, remarcando permanentemente la distancia entre el discurso ideológico y la realidad de los hechos.>
No en vano se nombra explícitamente a Maquiavelo, una referencia que atraviesa todo el film. La articulación de los aspectos visuales y narrativos genera, con inquebrantable coherencia, el sentido esencial de la película con la que Rohmer ha construido posiblemente el más pesimista y escéptico de todos los filmes de su filmografía.>
Título original: Triple agent. Dirección y guión: Eric Rohmer. Países: Francia, España, Italia y Grecia. Año: 2004. Interpretación: Katerina Didaskalou (Arsinoé), Serge Renko (Fiodor), Cyrielle Clair, Grigori Manoukov, Amanda Langlet, Emmanuel Salinger, Dimitri Rafalsky, Vitaliy Cheremet, Bernard Peysson y Laurent Le Doyen. Fotografía: Diane Baratier. Montaje: Mary Stephen. Duración: 115 min.