Tal vez sea el "movimiento", la "doctrina", el "partido partido", el "dispositivo discursivo" o la "corriente de pensamiento" que más bibliografía haya generado en el mundo entero. No es una exageración, hasta para definirlo se encuentran denominaciones que generan discusión.
Locales y foráneos han tratado de entender, aún en vano, qué es el peronismo. Algunos, resignados en la búsqueda de un sentido abarcador, se refugiaron en el cómodo "fenómeno" como toda categorización. Ahora incluso la agencia Télam se preocupó por el "enigma del peronismo" y organizó un curso para periodistas extranjeros que, en cuatro clases, indagará desde el surgimiento hasta la Revolución Libertadora (1955). Lo sucedido de ahí en más, dijeron, "es muy difícil de explicar".>
Ahora, existen algunas constantes en este movimiento que permanecieron a lo largo de toda su historia. Es pragmático, y esto no se discute. Perón alentó a la juventud durante su exilio para que se organice y resista contra la embestida del imperialismo -recuérdese el "luche y vuelve" y las numerosas reuniones que mantuvo el líder con referentes de la JP en Puerta de Hierro-. Y, por pragmático, los llamó "imberbes" y los echó de la plaza cuando fueron irreconciliables con su proyecto del retorno al país. >
Kirchner, por su parte, pudo proclamar el último 25 de mayo "volvimos a la plaza", mientras toda la rama ortodoxa del sindicalismo -la misma por la que Perón optó cuando lanzó a los jóvenes fuera de ése lugar- vibraba a viva voz debajo del palco. Fue progresista en el discurso, pero replegó la estructura del viejo peronismo para atiborrar de gente el acto. Igual que en San Vicente.>
Kirchner, como un buen alumno del líder fallecido, ejerce el poder con una concepción vertical de corte bonapartista, cómodamente recostado en la "supuesta" voluntad del pueblo. Igual que Menem. Por eso las contradicciones entre una y otra época. No por oposición metodológica o ideológica. No por moral. Sí por construcción de poder. Por pragmatismo.>