ANALISIS
Un mensaje al futuro
Por Emerio Agretti

El gobernador Carlos Rovira era el dirigente con mejor imagen e intención de voto en Misiones. Contaba además con la bendición del presidente Néstor Kirchner, lo cual hasta el momento en nuestro país funciona como un poderoso blanqueador de pasados, aval de gestiones y carné de admisión al club de los cruzados salvadores del país. Con lo cual, de arranque, llevaba las de ganar.

Se sabe que la lógica del poder kirchnerista no admite construcciones consensuales, ni atribuye valor positivo a la confrontación de ideas. Es, brutalmente, una dinámica de bandos: cualquier crítica o disenso coloca a su autor en el de los contrarios, y ni siquiera le reserva el derecho o alguna autoridad moral para opinar, cuanto menos para plantear alternativas. Por el contrario, el férreo alineamiento es condición de pureza -y no al revés- y permite soslayar deslices o prácticas que, en el discurso oficial, son patrimonio del enemigo, cuya pertenencia al pasado o al presente tiende a mezclarse y diluirse.>

Sobre la base de estas premisas, no importa que Rovira haya llegado al poder de la mano de los sectores del peronismo que hoy se tacha de abominables; no importa que haya erigido en su provincia un feudo de nepotismo, premios y castigos a expensas de los fondos públicos; no importa que fuerce las instituciones por un rédito personal -que, en todo caso, es funcional a la causa-; no importa que a los fines de conseguirlo recurra de manera ostentosa a prácticas clientelares; no importa la manipulación de votos, DNI y padrones. Hasta tal punto no importa, que la lista con la cual el mandatario esperaba coronar todo eso se llamaba "Frente Renovador", y a nadie se le movió un pelo por la burla implícita en la ironía.>

Pero al final importó. Le importó a todo el país, a esa "opinión publicada" que el poder usa o denuesta a conveniencia -al igual que hace con los medios de comunicación, según el caso-, pero también a los propios misioneros. Incluyendo a los más de la mitad que están bajo la línea de pobreza y que el oficialismo se encargó de llevar a votar, creyéndolos ingenuamente comprados. Les importó y dijeron "no".>

Sería bueno saber si el "no" se produjo a pesar de todo el despliegue de fondos e influencias de Rovira, del apoyo y la prédica belicista del gobierno nacional, de los manejos fraudulentos y del festival de subsidios final, o si fue generado precisamente por todo eso. Si simplemente la población no se dejó engañar, o si se indignó y reaccionó frente a la tentativa de hacerlo.>

Pero, aunque interesante, probablemente tal disquisición sea difícil de hacer. En cualquier caso, el mensaje está ahí, para quien quiera leerlo. Y, después de eso, acaso, decidir cuidadosamente cómo le conviene manejarse de ahora en adelante.>