Darío D'Atri (CMI)
La decisión estaba casi cantada el viernes pasado, pero un fin de semana de duros cruces entre el presidente y el gobernador bonaerense terminaron de cerrar el caso para el lado obvio de la suspensión de todo intento reeleccionista del mandatario de la primera provincia argentina. La derrota oficialista en Misiones deja así un nuevo legado, que ningún político se animó a anticipar, aunque la historia reciente demuestra que la gente tiene alta capacidad para enviar mensajes contundentes cuando se juega con cuestiones de poder e institucionales.
Ahora, la salida de Felipe Solá del escenario electoral de 2007 no sólo dispara una pugna enorme entre los cuatro o cinco anotados para ocupar desde el justicialismo el sillón mayor de La Plata, sino que plantea al gobierno nacional un cambio violento de escenario político: a las dificultades existentes en distritos claves como Santa Fe y Capital Federal, se suma la provincia que determina como ninguna otra quién será el presidente del país, y qué grado de poder tendrá el primer magistrado.>
No quiere decir lo anterior que, a poco menos de doce meses de las presidenciales, esté en riesgo lo que hoy puede preverse como un triunfo cómodo del kirchnerismo en las presidenciales y en la elección de gobernador bonaerense. Pero sí debe asumirse que el tránsito sereno a las elecciones de octubre ya se trata de un recuerdo lejano de lo que nunca llegó a ser. >
Kirchner tiene, desde ahora, un gran dolor de cabeza para definir si apuesta finalmente por un candidato a gobernador que respete el mandato genético del justicialismo, o si profundiza lo que le soplan al oído los sectores más osados del círculo íntimo: lanzar un candidato que no pertenezca a la raza política de las caras conocidas, para explotar la mina del recambio generacional y, sobre todo, de la llamada "nueva política".>
El listado de los "políticos tradicionales" anotados en la carrera que habilitó el renunciamiento forzado de Solá es extenso, incluyendo a pesos pesados como Aníbal Fernández, José Pampuro, Alberto Ballestrini, Julio Alak, todos con poder sobre parte de la compleja estructura del PJ bonaerense, pero que no aplican ni lo harán, por más que cambien discurso e imagen, en el formato de "nueva política". Al mismo tiempo, ninguno obtiene hoy por hoy buenas mediciones de intención de voto. En esa lista, aunque más remota la chance, habría que agregar a Julio de Vido, el ministro top del presidente, que podría aspirar a la gobernación por haber nacido en San Isidro.>
El laberinto del presidente se completa con las presiones que recibe de algunos poderosos con llegada al primer mandatario para impulsar a Cristina Fernández a la gobernación bonaerense, una apuesta que corre el riesgo de servir en bandeja a la oposición el argumento que gestó la derrota de Misiones: la acumulación y concentración de poder: el apellido Kirchner para presidente y Kirchner para gobernador de Buenos Aires puede espantar a los ciudadanos que se hartaron de las familias del poder. >
Se inaugura una nueva etapa política para el presidente, signada por la atomización de candidatos en el distrito clave de Buenos Aires, pero fundamentalmente por la necesidad de volver a subirse al tren de la sintonía con la gente, ésa que pareció extraviarse en Misiones, San Vicente, en las luchas internas en la CGT y en la peligrosa cercanía con lo más odiado de la política de siempre. >