Un profano podría creer que es indiscutible una determinada historia del arte (la que hoy nos propone, por ejemplo, a Homero, Miguel Ángel, Picasso, etc., como hitos de un devenir de la creación artística). La verdad es muy diferente y muy compleja.
Se ha acordado ubicar el nacimiento de la disciplina de la historia del arte en el siglo XIX, y a Hegel como quien le dio un impulso esencial al acreditar la idea de que toda producción artística estaría profundamente relacionada con sus circunstancias geográficas y temporales. Antecesores de Hegel (como Madame de Stal) y epígonos (como Taine) sustentaron esta idea determinista. "El arte se convertiría así en un epifenómeno determinado por el estado de una sociedad, con sus impulsos y contradicciones". Se insinúan así las ideas de progreso en arte o del "compromiso social" del artista, consideraciones no siempre justas, sensatas ni felices precisamente para la "historia del arte".>
Jacques Thuillier, en su concisa "Theórie générale de l'histoire de l'art" -cuya traducción al castellano acaba de publicar el Fondo de Cultura Económica en su colección Breviarios-, analiza las distintas ideas que han determinado la visión y el estudio del arte. Lo hace en general con espíritu "crítico", que lo lleva, por ejemplo, a abordar las manifestaciones de vanguardia -como las instalaciones y el Ready Made- con una postura de rigurosa distancia y "sospecha".>
Thuillier comienza por recordar las distintas definiciones de arte que produjeron los siglos y la filosofía, a partir de Platón, hasta llegar a la idea fundamental de que "el arte es la creación de una forma que se significa a sí misma". Luego, estudia "la inversión metodológica", "el arte como relación de la forma y la significación", "la historia del arte y el tiempo" y la "historia del arte y el lugar".>