Cada día se generan en la ciudad más de 200 toneladas de residuos sólidos. Por mes, la Municipalidad y las empresas privadas recolectan un promedio de 5.000 toneladas de desechos, incluidos los que derivan de la actividad cotidiana y lo que se produce por poda, limpieza de jardines y barrido de calles, con una composición que varía según los barrios de la ciudad, el poder adquisitivo y la época del año.
Tan diferente como el origen de los desechos es su destino: si bien la mayor parte es transportada a la planta de relleno sanitario, un porcentaje permanece expuesto en espacios abiertos y se transforma en basurales.>
Las razones por las que esos basurales se generan, se multiplican y crecen están vinculadas en forma estrecha con la precaria situación social en la que se desenvuelven cientos de familias que encuentran en la basura un recurso económico que, para la población que tiene acceso a las actividades "formales", resulta impensable. Proyectos y experiencias con distinto grado de desarrollo han intentado organizar la actividad de cirujeo, de manera de proporcionarle algún marco de seguridad, más allá de que su desarrollo sólo puede leerse en el contexto de una realidad lacerante: la de una pobreza extrema en que adquiere valor aquello que para otros es desechable.>
En un plano de mayor organización y aprovechamiento de los recursos figura la cooperativa que sostiene la planta de clasificación ubicada en el mismo relleno sanitario y que, desde hace varios años, logró modificar hábitos y generar una actividad más organizada, segura y -en algún grado- redituable para más de cien familias.>
Sin embargo, no puede desconocerse que en la generación y manejo de los residuos es fundamental la acción de los propios ciudadanos. Y a la exigencia de un servicio más eficiente de limpieza es necesario contraponer un mayor protagonismo en el cuidado del ambiente. En tanto que a la crítica, indispensable para ejercer un rol de ciudadanos activos, importa contrastar la atención de las normas que rigen para toda la comunidad. Y tan importante como el conocimiento de esas normas es su respeto. Para la recolección y barrido fueron establecidos días y horarios. En muchos espacios verdes se colocaron contenedores que, en el mejor de los casos, son ignorados. Y hasta rige una ordenanza para mantener las veredas limpias de los desechos que producen las mascotas. De modo que normas y soluciones no faltan.>
De la misma manera, resulta fundamental que a la concientización sobre problemáticas ambientales se sumen iniciativas que permitan poner en práctica las mismas acciones que se promueven. Vale la pena destacar las experiencias que se llevan a cabo en distintos barrios de la ciudad, donde se logró movilizar a los vecinos en tareas de recolección diferenciada. Esta alternativa, que parte de la preclasificación domiciliaria, disminuye la cantidad de elementos que son depositados en el relleno, además de facilitar el trabajo de los cirujas organizados en la cooperativa. Y, sobre todo, pone en juego una mayor participación y compromiso de los vecinos en el cuidado de su la ciudad.>