Al norte de Coronda

Las abejas tienen su reino

Pared de por medio, las abejas ingresan a las colmenas del invernadero. Foto: Juan Manuel Fernández. 

En el kilómetro 431.5 de la ruta 11 Osvaldo Leura desarrolló una cabaña apícola de reconocida genética en la región. Hasta allí llegan los exigentes en busca de reinas, celdas reales y núcleos.

Como en toda producción animal o vegetal, la genética es determinante para una buena performance de la empresa apícola. Por eso los productores serios se ocupan en forma metódica de mantener la estirpe de sus abejas y de investigar quién puede proveerlos de reinas prolíficas, celdas confiables o núcleos de rápido crecimiento.

Los más audaces optan por producirse su propio material vivo, pero otros van a lo seguro y se dirigen a cabañas apícolas de probada calidad. En el centro de la provincia de Santa Fe una de ellas es la que Osvaldo Leura montó "a pulmón" en el kilómetro 431.5 de la ruta nacional 11, al norte de Coronda.>

Alto, delgado, apasionado al hablar de sus abejas, este emprendedor se jugó entero ocho años atrás cuando adquirió las 9 hectáreas en las que hoy luce orgulloso su establecimiento. Sin asistencia financiera y con el sólo impulso que le dieron sus brazos acondicionó el terreno, instaló las primeras colmenas y empezó un camino que hoy lo encuentra posicionado como uno de los cabañeros más solicitados de la provincia, aunque su humildad le impida reconocerlo.>

Desarrollo propio

Hubiera podido canalizar su fascinación por la Apis Mellifera haciéndose apicultor y cosechando los productos de la colmena. Pero Leura tiene una relación casi espiritual con estos insectos y la curiosidad por conocerlos a fondo lo obligó a emprender el largo y paciente sendero de la selección genética.

Al contrario de muchos cabañeros que tienen como método el permanente cruzamiento de líneas importadas o de terceros, Osvalo Leura puede enorgullecerse de tener su propia genética. "Es de desarrollo propio; empecé con italianas originales que crucé con criollas; fui puliendo algunas asperezas y ahora es un 100% mía", cuenta con una mezcla de entusiasmo y satisfacción.>

Desde que empezó el negocio apuntó a una "abeja trabajable", que tenga un desarrollo físico considerable -cuanto más grande más capacidad de acopio de néctar-, con buena postura de la reina, mansedumbre y resistencia a las enfermedades. A tal punto le salió bien el trabajo que este año calcula que entregará entre 350 y 450 núcleos, más de 600 reinas fecundadas y más de 1.000 celdas reales.>

Máxima eficiencia

La última innovación de la cabaña la constituye un galpón invernador en donde se encuentran las 3 colmenas madres (de allí extrae las larvas que luego serán reinas) y 13 colmenas incubadoras de donde surgen las celdas reales, material que más tarde legará al cliente en ese formato, como reinas fecundadas o dentro de un núcleo.

En este espacio todas las colmenas están bajo techo con las piqueras (abertura de la colmena por donde salen y entran las abejas) pegadas a la pared, a través de la cual -ranura mediante- las obreras se mueven libremente. De esta manera el cabañero puede trabajar el material vivo bajo techo los 365 días del año al margen de las condiciones climáticas y garantizar las entregas en tiempo y forma a sus clientes.>

Dentro del galpón (que él mismo construyó desde los cimientos hasta el techo) también cuenta con una sala de traslarve. Allí dispone de una enorme lupa para observar los panales, detectar las larvas y traspasarlas a las cúpulas que servirán de base para que las colmenas incubadoras generen las celdas reales.>

"Antes de construir el invernadero el traslarve lo hacía a la intemperie y cuando se nublaba no alcanzaba a ver la larva y se me complicaba mucho el trabajo", recuerda Osvaldo, y agrega: "cuando el apicultor recurre a mi por material vivo no le puedo decir que hace 10 o 15 días me llovió y que no lo tengo".>

Trabajo para apasionados

Para tener una idea de la delicadeza y precisión que implica el trabajo de Leura basta mencionar algunos parámetros de la biología de las abejas.

Cada huevo que pone la reina permanece 3 días parado, al 4° se acuesta en el fondo de la celda y al 5° nace. Para el traslarve se necesita una larva de 24 horas -mide sólo 1 milímetro- a fin de que la reina nazca al 13° día de la operación. Si la larva es mayor se adelantará el alumbramiento real con el riesgo de que todo el proceso quede anulado. "La lupa me sirve para identificar las larvas de 1 día", explica el cabañero.>

El ingenio y la dedicación llevaron a Leura a desarrollar una técnica propia para la entrega de celdas reales, sobre todo cuando tienen que enviarse a otras provincias (ya colocó material en Tucumán, Santiago del Estero y Entre Ríos). Tradicionalmente las presentaba en una caja de cartón envuelta en algodón. Pero desde que interpretó que en períodos largos podría sufrir el cambio de temperatura le incorporó al paquete un manojo de abejas que se ocupan de mantener en condiciones a la futura reina. "Ahora las puedo enviar hasta 72 horas antes de que nazcan con una efectividad del 100%", dice, satisfecho por el resultado del invento.>

A pura técnica

Pero no todo el trabajo se hace en interior. A campo abierto también se realiza la fecundación de las reinas y se confeccionan los núcleos.

Para la primera actividad no utiliza los tradicionales "babys" (especie de colmena diminuta que sirve para alojar a la reina recién nacida hasta que esté fecundada) sino que divide en cuatro compartimentos las cámaras de cría, que adquieren así la apariencia de colmenas con cuatro "mini piqueras". Además cría sus propios zánganos para que, en el vuelo nupcial, disminuya la posibilidad de que algún foráneo deje una descendencia indeseada. Hoy puede producir hasta 280 reinas por quincena, pero para el año que viene aspira a conseguir entre 400 y 450.>

Para confeccionar los núcleos, en tanto, se abastece de unas 250 a 300 colmenas que tiene distribuidas entre el arroyo Bragado y Coronda (unos 9 kilómetros). El procedimiento incluye el traslado a un lote ubicado a dos o tres kilómetros para no tener retorno de la abeja a la colmena original. >

Por más

La inquietud permanente que moviliza a Leura también lo hace pensar en expandir el negocio. En un mes y medio o dos -cuenta- comenzará a producir jalea real. "Es una producción muy compleja; y el sistema de invernadero también ayudará a mantener la calidad del producto. La intención es llegar directamente al consumidor", anticipa.

La idea es trabajar a pedido y el volúmen dependerá de la demanda porque uno de los problemas que tiene la jalea real es el tiempo que transcurre desde que se extracta hasta que se consume. Cuando el lapso es prolongado pierde propiedades. >

Además, desde el año pasado también se dedica a producir miel junto a otro apicultor. El disparador fue el éxito de su propia empresa. "Porque a partir de lograr una buena genética y llegar a oídos míos los rindes que consiguen los apicultores a los que proveo entonces me interesó que las abejas también produzcan para mí, obviamente", razonó.>

Para muestra basta un botón: en la campaña pasada algunos de los productores que trabajan con la genética de Osvaldo Leura en distritos como Centeno, Díaz y Esperanza obtuvieron, sobre praderas de melilotus y alfalfa, rindes promedio de 50 a 55 kilos por colmena.>

Juan Manuel Fernández[email protected]