Los espumantes -no sólo el champán- siempre han estado presentes en las mesas de fin de año. Sin embargo, en los últimos años, el consumo de estas bebidas se ha generalizado de tal modo que es común su degustación en la mesa cotidiana.
En la última década han aparecido en el mercado argentino, innumerables marcas que disputan calidades y precios para todos los gustos.>
Al decir de los sommeliers, la oferta de precios y métodos de elaboración es muy buena y la mayoría de los espumantes de alta gama están destinados a un público selecto.>
Así, un consumidor exigente y con soltura de bolsillo podrá elegir entre varias marcas y estilos de espumantes. Si se trata de comprar champaña (en la etiqueta dirá elaborado con método champenoise o charmat), las bodegas Chadon, Norton, Nieto Senetiner, Trapiche, Toso y Bianchi tienen productos conocidos, armónicos y fáciles de conseguir en el mercado. Aquellos que reúnen la famosa ecuación precio-calidad, generalmente se encuentran en una franja de entre 25 y 35 pesos.>
Los expertos catadores encuentran que, por ejemplo,: el champán Bianchi Extra Brut tiene un perfume delicado y sutil a frutas tropicales mezclado con el aroma a levaduras y queda en la boca un sutil sabor a bananas.>
En el mercado existen diferentes tipos de champán, que -a grandes rasgos- podrían dividirse en dos grupos: por estilo y por calidad.
El estilo, más allá de que cada bodega dignifique el producto y le ponga su propia impronta, se diferencia por la cantidad de azúcar que tiene en la botella.>
Así, el extra brut es el más amargo, el que menos azúcar tiene por litro. Luego vendrá el brut y después el demisec, nombre engañoso, pero que indica que tiene una mayor proporción de azúcar.>
Si la idea es buscar calidad, el verdadero champán dirá en su etiqueta que fue elaborado mediante el método champenoise.>
Básicamente, consiste en que el líquido fermenta dos veces -procedimiento propio del champán- y la segunda vez , esa fermentación ocurre dentro de la botella. Si la etiqueta dice "charmat", indicará que la fermentación se hizo en un tanque de acero inoxidable, método más sencillo y, por ende, de menores costos para la bodega. Esto también se notará en el precio, que será un poco menor.>
Si la idea es salir de las burbujas tradicionales y explorar un vino diferente, podrá probar uno frizzante. Se trata de un vino espumoso, ligero, fresco y fácil de tomar. Generalmente son más económicos y se los identifica con el público joven, ya que fueron creados para satisfacer esa demanda.>
Los frizzantes, como el New Age, el Frizzé y el O2, son vinos ágiles, dulces, que no rondan los 10 pesos por botella. Se pueden servir como aperitivo, antes de cenar, o al finalizar la cena.>
Para los bolsillos un poco más flacos -aunque tiene sus buenos adeptos- la sidra (un alcohol derivado de la manzana) es la que menos aumentos sufrió este año. En los supermercados hay sidras de hasta 2 pesos la botella, pero por supuesto, no son recomendables, porque ese valor no cubre los costos que implica.>
Lo importante es que si al abrir la botella, el líquido está viscoso, turbio, tiene gusto a hongos o a vinagre, debe descartarse porque está en mal estado.>
Siempre que se piensa en vinos para un menú, se debe ir de lo más sencillo a lo más complejo. Como aperitivo, lo ideal es optar por vinos espumante frescos, frutales y jóvenes, mientras que para una comida o como final, la mejor opción son los complejos y estructurados.
Así, la mejor opción será buscar un espumante de buena calidad -una marca relativamente conocida-, con la cantidad de azúcar que uno prefiera y en función del dinero disponible.>
Si la idea es destinar el espumante para el brindis, pero también una bebida para la cena, habrá que ajustar el paladar a la relación precio-calidad.>
Los vinos ideales para las fiestas son los blancos secos y refrescantes, los rosados aromáticos y, dentro de los tintos, los jóvenes frutados que pueden ser servidos a una temperatura más baja.>
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