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La primera cosa que voy a decirles, mis chiquitos, es que con diez años de tocoymevoyes más o menos ininterrumpidos, yo ya estoy hasta la coronilla de repetir ciertos temas, que forman parte de nuestros ritos, prácticas que a veces ejecutamos sin pensar demasiado. Una de ellas es la del armado del arbolito de navidad el 8 de diciembre.
A mí, en general, me tienen que avisar "ojo que hoy es el arbolito", porque uno trae todavía el envión de todo el año y por ahí no empezó a aplicar el freno de mano y es capaz que sigue de largo. Estamos en diciembre, mecachi, y además de tener barriles y asados todos los días, también hay que armar el arbolito.>
Ese arbolito además, desde mi más tierna infancia (ahora tengo una dura madurez), tenía que ser un pino. Podía ser de distintas clases, pero pino al fin, desde el pedestre pino común hasta los más pretenciosos abetos u otros. En el campo no había ni hay problemas: los pinos son afanables fácilmente, están en la calle, en los campos, en todas partes. Por ejemplo, en Providencia (pueden sentarse y continuar leyendo) la cancha de Sportivo, enfrente de mi casa, tenía a falta de tapial un murallón de pinos y retoños de diverso tamaño. Había que elegir de día, disimuladamente, relojear bien y "marcar" el arbolito adecuado, para concurrir luego de noche con pala o machete.>
Total, si encontramos a los vecinos, ellos estarían haciendo lo mismo que nosotros. Nos agenciábamos el pino y listo.>
Hay una vertiente nacionalista que bien puede preguntar por qué el pino y no una versión más autóctona, digamos un seibo o un aromito. Los pinos son inevitables referentes (como las comidas hipercalóricas, los chocolates y turrones, papá noel y los renos) de la fría navidad del norte; en Santa Fe los renos se te meten en el freezer y no salen hasta el invierno.>
Pero después se hizo y se hace difícil conseguir pinos naturales, no se trata de deforestar nada, no tiene sentido liquidar plantaciones a razón de un pino por casa, etc. Para eso se inventaron los pinos artificiales, desde modelos de encendido verde hasta paquetas versiones "nevadas", también muy acordes con nuestra ciudad y zona...>
Otra de las cosas que ha cambiado tiene que ver con el armado mismo. Antes toda la familia se reunía para esa linda ceremonia. Uno aportaba un globo rojo, otro una piña natural pintada y se hacía una construcción colectiva, en la que si no siempre el buen gusto, por lo menos cierto espíritu de estética casera te invitaba a combinar colores y tamaños de manera decreciente hacia la cima, coronada allí por una estrella más grande, por una estrella fugaz o por un globo especial, con punta importante y diseño innovador.>
Ahora al arbolito ya te lo dan armado y vos sólo tenés que pagar, llevártelo a tu casa y ponerlo en el sitio elegido. Y todos los años te cambian el estilo. Un año los globos debían ser todos del mismo color. Otro año, la cosa era con moños. Después, globos pintados. O sea que los fabricantes y vendedores ya no se contenta con la modesta imposición de comprar todos los años al menos un adorno nuevo para sumar a los anteriores. Victoria completa, ahora es el árbol enterro con luces, bolas y adornos.>
Ahí tenés el tema de las luces: antes se ponían unos focos comunes pintados; después te vendían unas luces un poco más pequeñas que se quemaban seguido y ahora te dan unos juegos de luces que dejan pequeño el lanzamiento del Discovery.>
Quiero decir hemos llevado el tema de los arbolitos desde la deliciosa resolución familiar y casera a una progresiva regulación del marcado, que ya te maneja el tema a placer y en consecuencia todos los años te va a cambiar la bocha -y las bochas-, porque así funciona el negocio.>
Está todo bárbaro: pasó el 8 de diciembre, había que armar el arbolito, no estoy más en Providencia y no tengo la cancha de Sportivo enfrente rodeada de pinos de todos los tamaños que claman por ser afanados con indudable espíritu navideño. Así que ante la evidencia, me compré nomás un arbolito espectacular, al que solamente hay que enchufar. Es nevado y hasta tiene un papá noel, un trineo y unos renos primorosos.>
Texto: Néstor Fenoglio>