"Cid Espigao se consideraba un detective moderno. Tal concepto, sin embargo, no le impedía arrullar, conscientemente, los viejos ritos de la profesión. Y estaba convencido de que fumar su vistosa pipa era uno de los más perennes y significativos". En consecuencia con esa adaptación de su personaje principal a los parámetros clásicos de los héroes de las novelas policiales, el tono y las peripecias de "La región sumergida" juegan con la revisitación inteligente y chispeante de la corriente negra del género.
El inicio y detonante de tales aventuras es la visita de una enigmática mujer a la oficina del detective: "Usaba guantes blancos. Era verano (los guantes probablemente eran de croché), y Cid quedó maravillado: por primera vez, siendo verano, una mujer entraba en su escritorio usando guantes y usando sombrero y exhibiendo maneras de una verdadera dama. Hasta entonces ellas llegaban con un aire de petrificada perplejidad, de úlcera perforada, de pobreza o de odio". La mujer quiere que el detective encuentre a su joven hijo que se ha ido de casa, y esto lleva al personaje a sumergirse en aventuras que lo conducirán a fanáticos nazis, escuadrones de la muerte y drogadictos que van revelando el escenario en que transcurre la novela: un Brasil oscuro y a la vez carnavelesco.>
Tabajara Ruas, su autor, nació en 1942 en el Estado brasileño de Rio Grande do Sul. Estudió arquitectura y en 1971 se exilió, viviendo en Chile, Argentina, Dinamarca y Portugal, entre otros países. Durante esos años escribió "La región sumergida", empezada en Buenos Aires y terminada en Copehague. Se publicó en Portugal, en 1978, con una favorable repercusión. En Brasil sólo pudo publicarse varios años más tarde. Ahora, con traducción de Rodolfo Alonso, se presenta en castellano bajo el sello Emecé.>