Santa Fe cuenta con el nefasto mérito de tener uno de los índices más altos de accidentes de tránsito. Este es un dato estadístico que puede quedar en el cajón de la anécdota, pero ocurre que con él se van vidas y, muchas veces, vidas jóvenes.
El asunto es que este dato de la realidad es consecuencia de ciertos actos realizados por personas de carne y hueso; por cada uno de nosotros, que transitamos las calles de la ciudad. Y el problema se agrava porque la responsabilidad no es sólo de quienes se trasladan en vehículos de dos o más ruedas, sino también de los que van "de a pie". >
El tráfico de la ciudad se ve convulsionado y presto a protagonizar accidentes por la negligencia de todos los que salimos a la calle. Valgan algunos ejemplos: autos estacionados en doble fila o yendo por el carril rápido a velocidad lenta, colectiveros que realizan maniobras peligrosas a la entrada y salida de las paradas, camiones que transitan por la ciudad a velocidad de ruta, transeúntes que cruzan sin respetar sendas peatonales ni semáforos, bicicletas que pasan semáforos en rojo como si para ellos no fuesen obligatorios, motos que zigzaguean entre los autos para llegar más rápido quién sabe dónde, deportistas que corren por la calzada de la Costanera cuando tienen pasto y sendas asfaltadas para realizar sus actividades sin poner su vida en peligro. Preguntamos: �cuánto tardamos en enfrentarnos con alguna de éstas situaciones desde que salimos de nuestra casa? Acaso la respuesta oscile entre los 10 segundos y algunos minutos. Pero hay algo que queda claro, todas estas situaciones son posibles causas de algún accidente y somos nosotros, los ciudadanos de carne y hueso, los que las provocamos. Si queremos bajar el índice estadístico empecemos por contabilizar en cuántas de estas circunstancias nos vemos involucrados a lo largo de un día y tratemos de "evitarlas".>