Sergio Pujol, periodista especializado en jazz y tango, dice certeramente que "el jazz en la Argentina siempre ha sido esa música de raíz popular y sintaxis compleja que desafía los límites entre géneros. La escena de un Gary Burton joven tocando en el boliche de Astor Piazzolla es elocuente. Nos habla del jazz como lengua que se practica aquí y allá, sin restricciones, sin fronteras en un viaje incesante. Pero también nos advierte que el jazz puede ser un destello en el horizonte de otras músicas. El jazz como provocación, como hipótesis sonora" (*).
La música que tiene su cuna en el Norte, se resignifica cuando se toca en las tierras del Sur. Dicen que para "respirar jazz" hay que recorrer las callecitas y zambullirse en los bares de New Orleans, pero también es verdad que jazzmen entregados a su pasión y big bands ambiciosas han sabido demostrar que aquí también se puede tocar jazz con otros condimentos.>
Es que el jazz es mentor del vehículo que permite que las categorías se fundan, que las demarcaciones entre géneros se diluyan: eso es la improvisación, es la espontaneidad de la creación artística. Esa flexibilidad del campo propicia para la invención y posibilita deambular y convivir con "otras músicas". De ahí que desde hace un tiempo en este tipo de festivales se abra el abanico y la programación contenga formaciones y propuestas de tan diversas características. El por qué de esto, obtiene respuesta en lo sencillo y lo complejo de un género como el jazz que sale al encuentro y se alimenta de estas "otras músicas" y que, a su vez, oficia de provocador para nuevas mixturas y creaciones.>
Mili López