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El jefe del gobierno italiano, Romano Prodi, superó anoche una prueba crucial para su futuro político al obtener la confianza del Senado, lo que le permite conservar el poder. Prodi, de 67 años, obtuvo 162 votos a favor y 157 en contra, una victoria estrecha que le permite seguir gobernando.
La votación se llevó a cabo una semana después de que tuviera que renunciar al cargo, al perder la mayoría en el Senado por la defección de dos comunistas disidentes y de varios senadores vitalicios.>
Prodi logró el apoyo de cuatro de los siete senadores vitalicios y del democristiano Marco Follini, ex aliado de Silvio Berlusconi, quien votó a favor del gobierno.>
El ítalo-argentino Luigi Pallaro, elegido por la circunscripción Sudamérica, confirmó su voto a favor de la continuidad, tal como lo había anunciado pocas horas antes.>
Mañana se votará la moción de confianza en la Cámara de Representantes, donde Prodi cuenta con una amplia mayoría.>
La votación en el Senado estuvo marcada por las críticas de algunos representantes de la coalición gubernamental, los cuales anunciaron que no aprobarán medidas como el envío de más tropas a Afganistán.>
Para superar la crisis, "Il Professore", como suele ser llamado Prodi, volvió a ofrecer el diálogo a todos los sectores de su coalición de centroizquierda, con la promesa de dar mayor atención a la familia y proponiendo una reforma "consensual" de la ley electoral.>
"Hay que cambiar la ley electoral a través de convergencias unánimes porque el riesgo es la ingobernabilidad", aseguró Prodi.>
El jefe de gobierno espera acabar así con la inestabilidad política que caracterizó a Italia durante casi medio siglo y propuso una reforma electoral, a cargo del Parlamento, con todas las fuerzas políticas.>
La mayoría de los congresistas, inclusive aquellos de la oposición, coincide en acusar a la actual ley electoral, modificada por el precedente gobierno de Silvio Berlusconi a un mes de las elecciones, de la actual ingobernabilidad del país.>
Ante el Senado, Prodi abordó uno de los temas más espinosos que dividen a su coalición: la legalización de las parejas de hecho, tanto heterosexuales como homosexuales.
El proyecto de ley, que irrita a los sectores católicos de la coalición y, sobre todo, a la jerarquía de la Iglesia, fue casi enterrado.>
"Muchas propuestas han sido presentadas al Parlamento, por el gobierno, la mayoría, la oposición. Le toca, pues, al Parlamento definir un texto que logre convergencias y que tenga en cuenta la libertad de conciencia", afirmó.>
Las posibilidades de que la propuesta se pierda en los vericuetos del Congreso son altas.>
Pese a suscitar fuertes divisiones internas, Prodi defendió la presencia de los soldados italianos en Afganistán y su política exterior en general, que había provocado su caída hace una semana.>
Si bien la prueba fue superada el miércoles, las dificultades del gobierno de centro izquierda no se han terminado.>
Los dos senadores de la izquierda radical, entre los responsables de la caída del gobierno la semana pasada, han hecho saber que votaron sí a la moción de confianza, pero que no van a apoyar la refinanciación de la misión italiana en Afganistán.>
Para muchos observadores, el apoyo clave de Follini obliga al gobierno a una política más moderada.>
"Ahora contamos con los votos suficientes y no dependemos de los senadores vitalicios", comentó satisfecho Prodi.>
Silvio Berlusconi, su histórico rival, sentenció que "aunque pase, no durará mucho en el poder".>
El jefe del gobierno italiano, Romano Prodi, es un hombre de compromiso, europeo convencido y el único capaz de unir a una izquierda política dividida en numerosos partidos.
"Il Professore", de 67 años, quien se vio forzado a dimitir la semana pasada después de que su gobierno quedara en minoría en un voto sobre su política exterior, constituyó su ejecutivo hace nueve meses, el 17 de mayo de 2006, tras la estrecha victoria del centro-izquierda en las elecciones legislativas del pasado 9 y 10 de abril.
Ex profesor universitario de economía y política industrial, Prodi ya había llevado a la izquierda al poder en 1996 ante su gran rival de derecha, Silvio Berlusconi.
Pero tras haber saneado espectacularmente las cuentas del Estado gracias a una gestión rigurosa, su gobierno se descalabró en octubre de 1998 a causa de los comunistas.
Dolido por este golpe, Prodi aceptó dirigir la Comisión Europea en Bruselas. Hasta que la izquierda le pidió que volviera para vencer a Berlusconi en las legislativas de 2006.
Durante su campaña electoral, insistió en el estado de las finanzas públicas, la lucha contra la evasión fiscal y el retorno de la moral al poder, en un país convertido, según él, en "un autoservicio" gangrenado por los intereses particulares.
Al mismo tiempo, se mostró ambicioso por devolver a Italia un papel motor en la política europea.
Sus dificultades empezaron antes de la proclamación de los resultados de las legislativas, inciertos hasta el final y cuestionados por Berlusconi.
Rápidamente, se encontró con las contradictorias exigencias de los pequeños partidos de su coalición: verdes y comunistas, partidarios de un mayor distanciamiento de Estados Unidos; radicales, hostiles a un gobierno de conciliación con la Iglesia católica, y centristas, opuestos a las reformas sociales.
Prodi, católico practicante, casado, padre de dos hijos y abuelo, está acostumbrado a estas misiones dolorosas y delicadas.
En 1982, este ex alumno de la London School of Economics asumió la dirección del Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI), el grupo público más importante en Italia.
A la cabeza del mastodonte (450 sociedades, 400.000 empleados), acuciado por las deudas, el economista aceleró las privatizaciones y enderezó los números.
Su entrada en la vida política se produjo una década más tarde, pasados los 50 años, en medio del gigantesco escándalo de comisiones que supuso la operación judicial "Manos Limpias".
Aprovechando su independencia respecto de los ex partidos apartados por sospechas de corrupción, Prodi consiguió dar una imagen seria y creíble en la coalición de centro-izquierda, con un primer ejecutivo en 1996, que envió a Berlusconi a la oposición.
Problemas vigentes.
El primer ministro comienza ahora una fase donde los problemas en el seno de su heterogénea coalición -que agrupa desde comunistas a democristianos, y que le llevaron a la dimisión- continúan sin resolverse.
Así, sigue existiendo la escasa ventaja -dos o tres votos- que la coalición de centroizquierda tiene en el Senado, por lo que cualquier votación en la cámara alta será como una lotería que dependerá del humor de algunos protagonistas.
AFP/EFE