SEÑAL DE AJUSTE
El final de un mamarracho
Ilustración: Lucas Cejas.. 

Cuando los síntomas del paciente se agravan, la televisión practica la eutanasia, en el acto. El rating de "Hechizada" nunca fue un indicador de buena salud y su declinación progresiva provocó la enérgica medida de Telefé, que levantó el ciclo sin vacilar, a tal punto que Gustavo Garzón, uno de sus protagonistas, en un reportaje realizado un día antes de la emisión del capítulo final, declaró que acababa de enterarse.

Intentó explicar el fracaso: "Desde el principio fue confuso, no se sabía si sería una comedia romántica o una sitcom". Según el parecer del actor, "era una producción de lujo, pero para chicos". Si bien la magia de "Bewitched" (1964-1972) podía sorprender, han pasado cuarenta años de la serie original, de la cual "Hechizada" fue la versión más o menos argentina, cuyos efectos especiales pasarían desapercibidos en un jardín de infantes. "Hoy tenemos a Harry Potter", admitió Garzón.

Para el cierre, Samantha fue embarazada, luego de un combate con un mago Merlín personificado por Roberto Carnaghi, actor invitado, una especie de Leandro N. Alem con túnica y bonete, que no habría logrado un premio consuelo en ningún corso.>

EL LINCHAMIENTO

En los foros de Internet, muchas voces ya venían avisando de la disconformidad del público y, seguramente, hoy, los gerentes de la tele se encuentran atentos al ejercicio de esa forma de democracia popular o turbamulta. Por ejemplo, aun sus admiradores aconsejan a Florencia Peña unas buenas vacaciones: estaríamos ante un claro fenómeno de hartazgo. "La vemos hasta en la sopa", se quejan y aconsejan que "se tome dos o tres años sabáticos", ya que "saturaron su imagen, sus mohínes, su voz. Se tiene que tomar un largo descanso de la pantalla".

Si fuera una enfermedad, podría ser llamada "cansancio de Florencia Peña", aunque en el foro utilizan expresiones más expeditivas: "Uno está sinceramente podrido de ver a Florencia, prendés la televisión y lo único que ves es a Florencia Peña en la propaganda del yogur, en la propaganda de los pañales, en la propaganda del quitamancha, en la propaganda del teatro, en la propaganda de la novela... Ya sueño con Florencia". Y otro panelista arriesga una conjetura acerca de la posibilidad de un fenómeno epidémico, cuando sostiene que la actriz pudo ser contagiada por su contacto permanente con Marley.>

También se filtran mensajes de apoyo donde la tratan como una "ídola" con "medio país a su lado", aunque "esperamos que puedas salir de esto", admitiendo el naufragio al cual ni siquiera se anima a poner un nombre.>

En cuanto a los efectos especiales, alguien los califica de "pedorros" (en los foros se utiliza el lenguaje de la calle), "es decir, se los puede creer mi hijo de cinco (y a veces)".>

No son pocos quienes rebobinan la trayectoria de Florencia Peña, afirmando "que siempre hace de ella; no sabe hacer otra cosa. En `La niñera', pasaba, porque era un personaje grotesco, aunque lo hundió. Lo mismo con `Casados con hijos'. Ahora, es evidente que no sabe hacer otra cosa", dicen, para compararla con la intérprete original, señalando que, "si la gran Elizabeth Montgomery viviese, se mata".>

HASTA EL MÁS SALAME SE CANSA

Además del rechazo que destilan numerosos mensajes relacionados con Peña, no todos le atribuyen el fracaso, ya que también se ataca a los guiones adaptados, que serían menos graciosos que "el servicio telefónico que te da la hora", y el "bodrio" de "las risas grabadas que se ríen de la nada". Y se apunta a la producción, ya que "es una serie donde hay que poner guita y, como acá se hace todo a las apuradas para ahorrar, no funcionó".

En general, se coincide en que con Florencia Peña ya "no se sabe cuál de los personajes está actuando", si la niñera, Moni o Samantha, porque en Telefé faltan ideas y "prueban disfrazando a Peña de cualquier cosa", dice uno, para concluir reivindicando cierto amor propio del público: "La gente no es tan salame, al final se cansa y las mentiras se caen". Hace dos años, en un parque de Salem, Massachusetts, se inauguró un monumento de Samantha. Aquí, como se ve, nadie pide el bronce para Florencia Peña.>

ROBERTO MAURER