Editorial
Educación: los perjudicados son los niños

El gremio docente ha resuelto no iniciar las clases, pero sí retornar al método de la huelga para negociar salarios. La reivindicación salarial es válida, pero en el campo de la docencia y de los servicios públicos en general, no es un absoluto ni puede condicionarse todo a la variable económica, sobre todo cuando en los últimos años la recomposición salarial constituye un hecho objetivo.

La dirigencia sindical docente sostiene que si en la provincia hay superávit es legítimo un aumento de sueldos y si ello no ocurre la huelga es la medida correcta. Al respecto, habría que decir que las funciones del Estado son diversas y que el superávit no habilita automáticamente incrementos salariales.>

La vida es un continuo con ciclos altos y bajos. Por lo tanto, el buen gobernante se debe asumir como un eslabón de la cadena histórica y obrar con prudencia. En este sentido, la creación de un fondo anticíclico es -por ejemplo- una medida plausible, porque configura un instrumento eficaz para morigerar los efectos angustiosos de las épocas de vacas flacas.>

Lo mismo puede decirse de la inversión en infraestructura, que es un factor de multiplicación de la actividad económica y, por consiguiente, beneficia a extensos segmentos sociales y aumenta la recaudación impositiva que sostiene al Estado y permite que cumpla con sus funciones, entre ellas, la educativa.>

Los sindicalistas invocan la legitimidad de la asamblea de base. El argumento "basista" es relativo, porque si bien la opinión de los maestros merece ser escuchada, la misma debe contrastarse con las responsabilidades emergentes de la naturaleza del servicio docente. No hay que olvidar que, con estas medidas, los principales perjudicados son los protagonistas centrales del proceso educativo: los niños.>

La sociología política ha estudiado los límites de las asambleas de base y los métodos de consulta directa. Invocarlos como fuente excluyente de legitimidad es una falacia. En toda institución, las burocracias existen y las claques que las asisten son determinantes a la hora de tomar decisiones. A ello hay que sumarle la competencia interna por el poder sindical, en la que se utilizan todos los medios.>

En el caso en cuestión, que se da en un marco de progresiva recomposición salarial, blanqueo de ítems y sueldos que superan la base nacional, cuesta entender la virulencia de la posición asumida.>

Lo cierto es que la transferencia de conocimientos a los niños, su formación humana y cívica -que es lo que justifica la existencia de la organización educativa- ha pasado hace tiempo a un segundo plano.>

Cuando se habla de jerarquización, las voces refieren a escalonamientos salariales y no a la mayor calidad de la educación. En rigor, las demandas no se compadecen con los dramáticos resultados del largo proceso de aprendizaje a la hora del ingreso a la universidad, momento en que los bochazos masivos evidencian el tamaño del fracaso educativo y social.>

Los niños necesitan de maestros bien preparados, de la disciplina de la escuela y de las necesarias horas de aprendizaje. En suma, el tiempo y la dedicación que la gimnasia huelguística les roba todos los años.>