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Néstor Kirchner piensa en Julio Cobos; Mauricio Macri en Pinky; la conducción del radicalismo imagina a Ernesto Sanz o Gerardo Morales como compañero de fórmula de Roberto Lavagna; Elisa Carrió juega a que Alfonso Prat Gay desembarque en la ciudad; Daniel Filmus habla con el banquero Carlos Heller, y Jorge Telerman lamenta que el recaudador bonaerense Santiago Montoya le haya dicho que no. El armado de las fórmulas para las elecciones de este año revela como nunca la desaparición de los partidos políticos tal como se conocieron históricamente.
Empujados por la crisis de 2001 y la presión realizada por Kirchner desde su proyecto transversal, los dirigentes políticos parecen descartar la conformación de binomios puros -es decir, integrados por candidatos de la misma fuerza política- y se lanzan a la caza de opciones que amplíen el espectro y los ayuden a captar votantes a uno y otro lado del mostrador sin tener en cuenta las identidades partidarias. >
Si bien la formación de coaliciones no es nueva en la Argentina -el consultor Sergio Berensztein (Poliarquía) recuerda que en 1946 Juan Domingo Perón se impuso a la Unión Democrática (alianza electoral de la UCR, y los partidos socialista, comunista y demócrata progresista) con una coalición formada por el Partido Laborista, la UCR Junta Renovadora y ex miembros del partido independiente- la particularidad de esta elección es la velocidad de la fragmentación.>
"Éste es un fenómeno reactivo. Supongamos que el presidente hubiese dicho que iba a reforzar al peronismo en lugar de salir a captar gente de otros partidos, lo más probable es que hubiera dejado a otras fuerzas la posibilidad de reconstituirse. Pero Kirchner atacó esa posibilidad, y frente a ese ataque, los que no coinciden con el presidente se juntan del otro lado. Como Kirchner es el actor dominante, genera una cadena de actitudes reactivas y no proactivas", explicó el titular de Poliarquía.>
La Unión Cívica Radical es el partido en el que la eclosión se hace más evidente en estas elecciones. Casi todos sus dirigentes asumen con resignación que no podrán disputar la presidencia con un candidato propio, de modo que -con excepción de las gobernaciones, e intendencias donde existe la posibilidad de conservar poder territorial- su máxima aspiración es nutrir las fórmulas de otras fuerzas políticas y apostar a una buena negociación a la hora del reparto de candidatos a diputados.>
Kirchner ayudó al desmembramiento al instalar la idea de la Concertación -que debuta en las elecciones catamarqueñas- y coquetear con la idea de que el radical Cobos sea el candidato a vicepresidente, pero resulta que el modelo se expandió de tal forma que hoy parece casi imposible encontrar esquemas como el Menem-Duhalde de 1989, o, más cercano en el tiempo, el Kirchner-Scioli de 2003. Los restos del radicalismo se los disputan por igual Lavagna, Carrió, Hermes Binner, y el propio Macri, si se tiene en cuenta su coqueteo de los últimos días con Lidia Satragno (Pinky), quien fuera candidata a intendente de La Matanza por el radicalismo, y el actor Nito Artaza, un radical surgido de la crisis de 2001 que talla en la Capital Federal.
Para el consultor Carlos Fara, este modelo, que ya se inició con el fenómeno del FREPASO y la Alianza, "va a ser una constante. El presidente aprovecha una situación de desgaste de los partidos e intenta una base de sustentación a futuro ampliada. Menem lo había hecho con el centro derecha, desde un PJ más estructurado que este, porque el peronismo tiene una tradición frentista, comparado con la UCR. Pero nunca se dio desde este nivel de desarticulación".>
El antecedente más cercano de este modelo, fue la incorporación de personalidades a la oferta electoral, -casos Daniel Scioli, Carlos Reutemann o Ramón Ortega- aunque ésta se produjo con el requisito previo de sumarse a la fuerza política que los convocaba, en este caso el justicialismo.>
Coyuntura
Según Fara, "hace rato que los votantes vienen con un desgaste progresivo de las identidades partidarias y 2001 les dio el golpe de gracia. Entonces se nota un salto grande, porque pasan a asignarle poca importancia a los aspectos ideológicos para volcarse fuertemente a las personalidades".
Aunque por ahora todos juegan al misterio y se toman sus tiempos para revelar las fórmulas, la danza de nombres es infinita, y poco parece importar la solidez de las alianzas que, una vez más, corren el peligro de no poder sobrevivir a la coyuntura electoral.
Julia Izumi (CMI)