El primer ministro británico, Tony Blair, se expone a la mayor rebelión en filas laboristas desde la invasión de Irak, cuando el Parlamento vote mañana la renovación de la fuerza de disuasión nuclear del Reino Unido.
Un total de 105 diputados, entre ellos, más de sesenta laboristas y varios parlamentarios liberales demócratas, incluido su líder, Menzies Campbell, respaldan al día de hoy una enmienda que reclama más tiempo para debatir la propuesta antes de tomar la decisión definitiva.>
Los encargados de la disciplina en el partido han movilizado todos sus efectivos en un intento desesperado por impedir que se extienda la revuelta y Blair sufra la humillación de tener que depender de la oposición conservadora para imponerse.>
El ex líder laborista Neil Kinnock ha atizado el fuego de la revuelta con un discurso, pronunciado anoche en la Fabian Society londinense, en el que expresó su oposición a que se tome ya una decisión al respecto, que no considera justificada.>
La precipitación se explica por el aparente deseo del primer ministro, que se ha comprometido a abandonar el poder este mismo año, de dejar el tema atado y bien atado antes de pasarle el mando a su sucesor, probablemente, el actual ministro del Tesoro, Gordon Brown.>
Este último, sin embargo, apoya también la modernización de la flota nuclear británica, basada en los submarinos de la clase Vanguard, y ha tratado durante los últimos días de convencer a sus partidarios para que no se sumen a la revuelta.>
Así, según el diario The Times, durante el fin de semana tuvo largas discusiones con el líder adjunto de los Comunes, el diputado escocés Nigel Griffith, a quien no logró convencer y que presentó ayer mismo su dimisión como protesta.>
El hecho de que alguien como Kinnock se haya sumado a los rebeldes es especialmente significativo, ya que uno de sus logros en su etapa de líder laborista fue precisamente que el Partido Laborista renunciase a su programa de desarme unilateral.>
Ese programa radical de izquierda fue seguramente uno de los factores que contribuyeron a la derrota de los laboristas en las elecciones de 1983 y 1987.>
A la oposición de Kinnock hay que sumar la de otros destacados miembros del partido, como el ex ministro de Sanidad Frank Dobson y el ex secretario de Estado de Transportes Garvin Strang, que coinciden con Kinnock en que el gobierno no ha logrado presentar argumentos convincentes que justifiquen que haya que tomar ya una decisión.>
Se habla incluso de que otro peso pesado del partido, el ex ministro de Interior Charles Clarke, podría sumarse a ese frente contra el gobierno.>
EFE