El menemismo triunfante

Hacía mucho que La Rioja no figuraba en la discusión política nacional. Crisis institucional mediante y al calor de los rumores y pronósticos casi deportivos sobre su intervención, vive una suerte de renacimiento mediático posmenemista.

Esta vez no son glamorosas historias de alcobas trasandinas, pelambres reconstruidas y teñidas, ni patéticos cuernos cordilleranos los que inspiran fotos y titulares, sino verdaderos hechos políticos posmenemistas.>

Sólo la fase siguiente al menemismo -en la que el pasado ha de quedar bien pisado- puede desencadenar la confusión telenovelesca de personajes que buscan cómo inscribir la letra K en sus apellidos (o en sus populares apodos, como aquí en las paredes de Santa Fe).>

El posmenemismo tiene la capacidad de convertir a la historia reciente (y a los juramentos de entonces) en algo perfectamente compatible con el presente antimenemista que parece haber vivido desde siempre el peronismo.>

Los protagonistas del conflicto de poderes riojano son un gobernador electo, reelecto y aspirante a sucederse una vez más, y un Poder Legislativo que ha decidido contrariar la Constitución de la tierra de los caudillos, cuyo texto efectivamente contempla la posibilidad de ejercer el poder a lo largo de la vida, sin dejarlo.>

Menemista era el gobernador, menemista era seguramente la mayoría de los legisladores que hoy se espantan con la reelección indefinida y menemista era casi todo el padrón electoral riojano. El debate nacional que hoy se ha instalado sobre la posible intervención también es esencialmente menemista, porque se reduce a saber si existe o no la voluntad del Poder Ejecutivo Nacional de disponer la intervención. La Constitución Nacional (no la de La Rioja) dice que es el Congreso Argentino quien tiene esa atribución, no el presidente. Sin embargo, son funcionarios -no legisladores- quienes dicen si habrá o no intervención.>