¿Quién no ha experimentado la incomodidad de llegar tarde a una fiesta? Se encuentra con botellas vacías, invitados alegres y parejas recién formadas, a media luz. Empezar un festival de cine por la mitad es más o menos igual, especialmente cuando se proyectan en diez días más de 300 películas de unos 30 países, y hay que subirse a ese tren en marcha.
Esta edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata lleva el número 22 y sería el golpe de gracia a la frivolidad, en una campaña gradualista emprendida durante la gestión de Miguel Pereira, su presidente, consistente en no proporcionar a los fotógrafos las deseadas imágenes de vedettismo extracinematográfico.>
Hubo, sí, personajes de la llamada "colonia artística", pero se retiraron en masa el domingo, seguramente atraídos por la vidriera de una inauguración frustrada en su magnificencia por una tormenta. A lo sumo, uno puede tropezar con Moria Casán saliendo de ver una película, sin acoso de fans, sola, y apenas escoltada por un alcahuete de la sala.>
Esta vez, la atracción central fue un realizador de cine, Mario Monicelli, de 92 años, que compartió esos honores con Gustavo Santaolalla, un argentino al cual nadie le daba la hora, y que ahora que ganó un par de Oscars escribiendo música para películas, todos se pelean para lamerle los zapatos.>
Hay dos películas menos que el año pasado en la sección oficial competitiva, casi ninguna hablada en inglés. Muchas de ellas, curiosamente, han elegido el tema autorreferencial del cineasta atascado en su creatividad, que, desde que lo planteó Fellini en su "8 y 1/2", desató una plaga narcisista de films sobre el realizador que sufre una crisis y que no puede parir su próxima obra.>
Es exactamente el tema de un par de películas que vimos: "Mujer en la playa", coreana, y "Ficción", catalana. El film de Hoom Sang-soo no era prometedor, ya que en su promoción se mencionaban palabras como "poesía" y "paisajes", que suelen sonar muy amedrentadoras. Sin embargo, resultó comedia agradable, la que protagoniza un cineasta que busca inspiración en una playa fuera de temporada, con un amigo y su amante, de la cual se enamora, aunque luego aparece otra muchacha que lo atrae. Es un relato de encuentros y desencuentros, inestabilidad emocional y prejuicios destructivos, contado con un ligero humor casi occidental, en el marco melancólico del mar en invierno y con la intervención de excéntricos personajes secundarios.>
Con un tono más solemne, en cambio, el director Cesc Gay (autor de algunas películas recomendables) encaró las mismas preocupaciones. En "Ficción", el cineasta en crisis también huye de la ciudad y se refugia en un paraje rural, donde tiene algunos amigos entrañables y conoce a una violinista con la cual establece una relación estrecha. En realidad, no sabremos si el cineasta recupera su creatividad, ya que el film se convierte en la descripción de la aproximación entre ambos, tan pudorosa como el tratamiento que le prodiga el director a ese tránsito por delicados estados emocionales. Es un "amor imposible", como suele decirse, y el recato se conserva hasta el final, la despedida, cuando ella le dice "estuvimos CASI enamorados", una expresión minimalista a la cual sigue una explosión de besos nada minimalistas. "Ficción" tiene un tono grave, es pausada y confía en la creación de climas. Eso significa que es bastante aburrida.>
Roberto Maurer (enviado especial)