Marzo, desde hace tres años, es un mes muy caliente para la carne y muy complicado para el Gobierno. Los feedlots vienen del receso veraniego (este año acentuado por la suba del maíz) y la oferta de ganado pastoril se ve afectada por los calores del verano o por las secas recurrentes. La suplementación ha caído 40-50 por ciento y los rendimientos en gancho, entre uno y dos por ciento.
En un contexto tan tenso, se registran lluvias de entre 100 y 300 milímetros en muchas zonas productoras de ganado gordo y los camioneros no tienen mejor idea que hacer un paro que termina de desequilibrar la ecuación de oferta y demanda de carne, ya de por sí muy ajustada.>
Ante la suba de valores del ganado, que en el caso de los animales livianos supera el 20 por ciento en las últimas dos semanas -se agrega a los "deslizamientos" experimentados por casi todas las categorías en los dos meses anteriores- el Gobierno estaría tomando conciencia de su fracaso en el control de precios y ensayaría una estrategia un poco más "amigable": autoriza la exportación de 40 mil toneladas mensuales después de haber pisado los ROE por más de seis semanas y eleva los niveles de precios "sugeridos" que se pagan por el ganado. Como en todos los casos, llega tarde, cuando ya hay hacienda liviana que se paga 3,50 a 3,70 pesos (en blanco o en negro) y el incendio se le está propagando a los mostradores y a la inflación (medida).>
De haber estado funcionando Liniers en forma normal, es probable que una suba de precios como la que se está registrando en estos días hubiera inducido una retracción de los compradores (supermercados, frigoríficos, matarifes) y una mayor afluencia en consecuencia a Liniers, donde el incremento de entradas hubiera traído una baja de precios o al menos una moderación en la suba.
Esto ha sucedido así desde hace décadas: si los compradores no quieren convalidar un aumento abrupto en los valores en directo se retiran de la compra en este segmento, por lo que el ganadero recurre a Liniers, que se satura y baja, y el mercado toma en pocos días un nuevo nivel de equilibrio.>
Sin la referencia de Liniers, el productor demora las ventas pues no sabe cuál es el valor real de su ganado en un momento de alza; ante la incertidumbre y la falta de información (el sobreprecio en negro no se publica en ningún lado) se retira momentáneamente de la oferta y realimenta así la suba. >
El Gobierno tiene a favor la tendencia al crecimiento del stock ganadero, al punto que después de todos los errores cometidos en 2006 y todas las actitudes hostiles, a fin del año pasado las existencias ganaderas acumulaban otro aumento, esta vez de 900 mil cabezas.>
Tiene también a su favor las mejoras constantes que se observan en la productividad ganadera y en la mayor capacidad empresarial de los productores, que son mucho más "cultos" en términos de la actividad que cinco o 10 años atrás. Es decir, las autoridades tendrían que cometer errores muy groseros para que con el potencial que tiene la ganadería para crecer, agregado a las excelentes perspectivas de demanda interna y externa, la ganadería argentina entre en una fase de liquidación.
El Gobierno tiene en contra que, debido a todos los errores cometidos y a todas las señales mandadas en forma inequívoca contra los ganaderos, ha logrado que muchos de ellos hayan tomado la decisión de salir de la actividad o reducir el área de invernada. También que el alza operada en el maíz ha vuelto a la actividad menos rentable en relación a los cultivos de cosecha.>
Ignacio Iriarte