| |
Puede ocurrir que nos tilden de poco amigos del agua (en todas sus manifestaciones: para tomar o para bañarse), un rasgo que, parece, se acentúa con la edad (el nono siempre se había bañado "recién" hasta que se enfrentaba, cuando la situación era intolerable, a una verdadera pueblada familiar que lo ponía sin excusas debajo de la ducha); puede ocurrir también que existan varones que pasan horas bajo la ducha o en una bañera o bañadera y mujeres que apenas pasen por allí; puede, en fin, existir momentos incluso en la vida de una misma persona en los que se tiene la necesidad de pasar largos períodos de relajación en el baño y otros en los que se requiere extrema practicidad; puede ocurrir todo eso y todas las variantes que quieran, pero ustedes, mis chiquitas íííícuándo van a dejar libre el baño!!!
El momento del baño es acaso uno de los pocos, en una familia, en que se puede gozar de relativa privacidad. Pero algunas personas se lo toman muy en serio y su momento de privacidad atenta luego contra los momentos de privacidad futura del resto de la familia. Uno ve cómo, con el correr de los minutos, las privacidades van chocando contra la puerta cerrada del baño, hasta que alguien se atreve a ingresar en ese santuario en el que imperan el humo, la espuma, los olores agradables y, en el fondo del cubil, la fiera enloquecida -limpita, eso sí- que te dice, en un suave ronroneo: í¿No ves que está ocupado, no se puede estar tranquila ni un rato en el baño, che?!>
No importa que el baño sea único y a compartir con el resto; no importa que el rato ya pasó de media hora y va por más; tampoco interesa que vos o tu hijo se estén agarrando y doblando las rodillas para no hacerse encima, pues ella seguirá lánguidamente volcando un poco más de sales en la bañera.>
Los distintos ritmos y concepciones de lo que es buen baño, se hacen todavía más patéticos a la hora de programar una salida. Porque mientras uno demora dos minutos y medio; la señora de la casa llenará la bañera, pondrá sales, se sumergirá y estará laargos minutos disfrutando de su baño de inmersión-diversión, dormirá la siesta, mandará mensajes por el celular, se arreglará las uñas, charlará un rato con las amigas...>
Desde luego y a pesar de su privacidad privada, de la cual estaremos privados el resto de la familia por un rato, no se privará de seguir el pulso de la casa desde allí mismo, ordenando el riego puntual de las begonias, la limpieza de algo o la decisión de la ropa que cada uno llevará.>
Para matrimonios con mucho entrenamiento en la materia, cuando la mujer decide bañarse el hombre de la casa desaparece del área programática del baño, deja el camino libre, ni se le ocurre tener ganas de hacer pipi y en el medio tiene tiempo de cortar los pastos, arreglar un enchufe o tomarse una cervecita de onda. Total, después de la salida formal de la bañera todavía sigue un largo período de acondicionamiento del pelo, peinado, maquillaje, selección y elección de ropa que permite que el resto de la familia pase por la ducha de manera fluida.>
No hace falta que les recuerde que el sistema era mucho más fácil en la casa de la nona, porque todos iban pasando bajo la ducha -no necesariamente tibia- y caían en las manos programadas que todo lo resolvían con equitativos minutos: tanto para embadurnarte con el jabón en pan, tanto para el champú, un enjuague y pase el que sigue. Y andá llorar afuera con los ojos llenos de espuma. Y traé la toalla que falta tu hermana. Y cerrá el pico. A la hora de la misa, todos estaban inmaculadamente limpios, prolijos, oliendo igual pero a tiempo.>
Tampoco cuenta la experiencia europea de ahorro de agua y de mayor conciencia del cuidado de tan vital elemento; ni las otras más patéticas de zonas desérticas donde bañarse es un lujo. Yo puedo enarbolar cualquier argumento, pero ahora en el baño está ella. A mí, abarajáme en la bañera.>
Texto: Néstor Fenoglio[email protected]: Luis [email protected]