El conflicto en La Rioja

Daría la impresión de que en la provincia de La Rioja, las aguas se han tranquilizado. El ex gobernador Angel Maza aceptó el nuevo escenario político e institucional y Luis Beder Herrera, el vicegobernador, asumió el control de la situación política, con el compromiso de convocar a elecciones en un corto plazo.

La alternativa de la intervención federal, reclamada por Maza, fue descartada por el gobierno nacional, que con muy buen criterio entendió que no estaban dadas las condiciones jurídicas que la Constitución Nacional reclama para poner en actividad la llamada solución federal. La provincia no será intervenida y todo parece encaminarse hacia una salida política en sintonía con lo previsto por las instituciones provinciales.>

Habrá que seguir con atención los acontecimientos. A nadie se le escapa que los principales actores responsables de la crisis mantienen sus diferencias, en una provincia en donde la disputa facciosa por el poder no respeta instituciones y suele estar determinada por las ambiciones personales o grupales de los contendientes.>

El origen de la actual crisis responde a esta lógica de disputa salvaje por el poder. Como es de público conocimiento, la pelea entre Maza y Beder Herrera no fue el producto de diferencias acerca de los mejores caminos para asegurar el desarrollo o el crecimiento de la provincia -una de las más pobres y atrasadas del país- sino de las ambiciones por ocupar el cargo de gobernador. Maza gobierna La Rioja desde hace doce años y pretendía un mandato más. Beder Herrera argumenta que fue traicionado por su compañero de fórmula, quien se había comprometido a dar un paso al costado para que él ocupase la Casa de Gobierno en el próximo período.>

Las traiciones fueron acompañadas por el repertorio habitual de imputaciones y la movilización de los incondicionales. Fue en ese contexto que el gobernador Maza solicitó al gobierno nacional que interviniese los tres poderes de la provincia, reclamo que, enhorabuena, el presidente Kirchner no le dio lugar.>

Los recientes episodios son la consecuencia de un tortuoso itinerario de irregularidades políticas e institucionales. La Rioja desde hace décadas ha sido administrada como un feudo; con caudillos, señoríos y corruptelas. Maza y Beder Herrera representan con fidelidad esta práctica política fundada en la personalización del poder, el favoritismo a los obsecuentes, el manejo discrecional de los fondos públicos y el más descarnado oportunismo político.>

Maza fue durante años un incondicional de Carlos Menem. Sus gestos de servilismo al caudillo de Anillaco fueron célebres, pero cuando Kirchner asumió la presidencia, el furioso menemista se transformó en un obsecuente kirchnerista. Hoy su carrera política por el poder parece haber llegado al ocaso, pero las raíces sociales y culturales que reproducen esta clase de sistemas en provincias como La Rioja, parecen estar intactas. Les corresponde a los habitantes de la provincia decidir, a través de su participación civil y su conciencia política, si es posible pensar una alternativa para la provincia.>