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"El mero hecho de preguntarnos por el poder, ya es una manera diferente de las mujeres de enfocar la política. No se trata de encontrar espacios en la política tal como se está desarrollando, sino de construir poderes diferentes", sostuvo la directora del Instituto Hanna Arendt (de formación cultural y política) Diana Maffía, en diálogo con El Litoral.
Maffía es una de las exponentes de la lucha internacional por los derechos de las mujeres, quien participó del panel "Democracia y poder. ¿Qué poder queremos las mujeres?", junto a Griselda Tessio e Inés Bertero, que se desarrolló en dependencias de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL, con motivo del Día de la Mujer.>
La también doctora en filosofía puso a consideración tres conceptos de poder: "el tradicional" que es el poder entendido como dominio, que genera relaciones de subordinación. "Aquí el poder tiene un aspecto sustancial: alguien tiene poder como si tuviera algo, lo reparte, lo acumula, como si fuera algo material. Esto está muy presente en el imaginario de las personas que hacen política, incluso cuando se trata de compartir el poder siente que algo disminuye en ellos... El concepto supone un poder que instala a las mujeres como dominadas pero pocas de nosotras queremos ser dominadoras. Tampoco nos gusta revertir los papeles en una relación de dominación. Muchos hombres hablan del feminismo como si se tratara de esto: un intento de revertir las relaciones de dominación".
La segunda concepción que planteó es el poder como consenso, "es algo que surge cuando colectivamente podemos generar en común determinado tipo de iniciativas", definió.>
"Tiene que ver con un espacio público donde la palabra es escuchada y donde es puesta en un diálogo con otros discursos, hasta que se logran acuerdos". Aquí apuntó como problema la larga historia de las mujeres de no ser escuchadas en el espacio público.>
"Los derechos desde la mirada de género tienen que ver con la búsqueda de la equidad y ésta implica igualdad de oportunidades y de tratos, pero también conlleva tener en cuenta las diferencias.
La entrevistada mencionó la gran dificultad de igualdad en el plano de los derechos sexuales y reproductivos. "Hay mucha hipocresía. Las normas se sacan y no se aplican, hay presiones para que en cada una de las instancias se retroceda... El año pasado con bombos y platillos se votó el Protocolo Facultativo de la Cedau (Comité de Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer) y el presidente no lo firmó todavía. Evidentemente, tiene la mano atada por alguien. Sin esa firma, esa votación que hizo el Senado después de tres años, no sirve para nada, estamos en manos de presiones muy fuertes. Nuestros cuerpos están enajenados, son de curas, médicos, jueces, políticos, cuando no de padres, maridos y amantes. Los derechos sexuales son un derecho en sí mismo incumplido, hipócritamente presentado, y son la posibilidad de cumplimiento de otros derechos. Si yo no puedo tomar mis decisiones en el cuerpo no tengo derecho a la salud, al trabajo, una voluntad libre y un cuerpo que me pertenece", sostuvo la especialista.>
ANA LAURA FERTONANI