La seguridad aérea

El presidente de la Nación, Néstor Kirchner, admitió que las condiciones de seguridad de los vuelos aéreos dejan mucho que desear. Sus palabras contradijeron de alguna manera a la ministra de defensa Nilda Garré, quien había relativizado la crisis. A decir verdad, y atendiendo a las informaciones disponibles, el diagnóstico de Kirchner es más realista que el informe de su ministra; pero un diagnóstico acertado no incluye automáticamente soluciones eficaces, sobre todo cuando en el tema que nos ocupa el gobierno es parte del problema.

Desde hace tiempo, por no decir años, la situación de las compañías aéreas es, en el más suave de los casos, complicada. No se equivocan los técnicos cuando dicen que se imponen reformas sustanciales que son costosas y que reclaman excelentes inversiones. La inseguridad aérea no es un tema menor en el mundo en que vivimos, por más que en el caso que nos ocupa esa inseguridad se refiera casi exclusivamente a los vuelos de cabotaje.>

Al respecto, no es necesario esperar un accidente o una tragedia para encarar el tema como corresponde. El gobierno tiene una responsabilidad de primer orden en la resolución de la crisis, pero esa responsabilidad se hace extensiva a los sindicatos y al personal técnico y de servicio en general. Esta última advertencia es pertinente ya que los sindicatos, con sus reclamos corporativos y sus pequeñas y medianas corruptelas, han contribuido de una manera específica a profundizar la crisis.>

La responsabilidad incluye a las autoridades políticas que por acción u omisión han consentido reiteradas indisciplinas, que en más de un caso se han manifestado como un verdadero sabotaje al funcionamiento y a la propia gestión de las empresas de aviación. Las huelgas salvajes, los paros imprevistos y una visión ideológica anacrónica son las manifestaciones más visibles de una conducta que, más allá de presuntas buenas intenciones, no hacen otra cosa que agravar la crisis y conducir la gestión hacia callejones sin salida.>

Revertir esta realidad no será sencillo. Por lo pronto, los viajeros saben que la programación de los vuelos es cada vez más imprevisible. Las demoras están a la orden del día y, en ese escenario, muchos deciden optar por otros medios de transporte. Las inversiones para modernizar las naves y garantizar una óptima asistencia técnica son altas y en todos los casos para que sean eficaces necesitan de la colaboración de técnicos y pilotos, algo difícil de lograr en las actuales condiciones.>

El problema de los radares y el debate acerca de si corresponde asistencia militar o civil conforman apenas la punta del iceberg de una crisis que ha estallado recientemente, pero cuyos orígenes provienen de larga data. Se trata de un tema grave, delicado, que debe encararse con seriedad. La inseguridad aérea afecta a la sociedad, a la economía y al prestigio del gobierno, además de poner en juego la vida de las personas. En temas como éstos, no se puede hacer demagogia o actuar de manera irresponsable. >