Los precios siguen subiendo
Los alquileres vienen con reajustes
Los valores más altos llegan a 20 quintales. Advierten sobre su incidencia en los márgenes. La dinámica del negocio agrícola impone otra velocidad. Campañas atrás, a esta altura del año el productor sólo pensaba en cosechar los granos en tiempo y forma.

Alejandro Rollán/CMI Contenidos

En la actual, los tiempos se han precipitado; no sólo debe prestarle atención a las tareas de trilla sino que también debe comenzar a definir cómo será su ciclo 2007/2008. Con más razón, si la estrategia es crecer en superficie arrendada, a partir de los buenos resultados económicos.

La aceleración de los tiempos tiene en el mercado de la tierra de terceros a su principal disparador. Por tratarse de un bien escaso y con alta preferencia, las negociaciones entre los dadores de alquileres y los productores ya comenzaron a cerrarse. Los primeros acuerdos se rubrican con aumentos en quintales de soja por hectárea de entre cinco y 10 por ciento. >

El ajuste encuentra su fundamento en varios frentes: el alto precio de la soja, la mayor productividad por hectárea, el temor a perder el campo en manos de otro productor, la ausencia de mejores alternativas en dónde invertir el dinero. >

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Precios que suben

Con esta última actualización, el precio en la zona núcleo de la provincia trepó hasta los 20 quintales por hectárea. El valor fijo por hectárea, pagado de contado en forma anticipada, es la modalidad más difundida. Los primeros valores que aporta el mercado en 2007 marcan, nuevamente, niveles récord en términos históricos, según la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea). Con una decisiva incidencia sobre los márgenes esperados.

En el caso de que el contrato se hubiera pactado a 18 quintales, las exigencias productivas descienden a 33,2 quintales por hectárea. >

Si el precio a cosecha descendiera a 180 dólares por tonelada, la ecuación sería más ajustada aún. En el caso de que se paguen 20 quintales de alquiler, sólo se salvarán los costos con un rendimiento de más de 38 quintales. >

Con este escenario de precios, el productor que abone 15 quintales por hectárea deberá garantizarse un piso de producción de más de 30 quintales (ver cuadro 2 en página 4). "No son pocos quienes se preguntan cómo el valor de los alquileres puede haber alcanzado semejante magnitud, dado que un fracaso productivo puede generar pérdidas importantes", admiten desde Aacrea. Los productores sostienen que se ha llegado a un techo en los valores. >

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Parámetros y opciones

A pesar de la vorágine de precios impuesta por el mercado, muchos productores tratan de definir su capacidad de pago de un alquiler con parámetros precisos. El rendimiento potencial promedio de un campo medido en los últimos cinco años es un indicador para conducir la negociación.

"Nosotros pactamos entre el 20 y el 30 por ciento, según la zona, del rendimiento potencial de ese campo", explicó Daniel Rivilli, del fideicomiso Marca Líquida, un fondo que alquila 25 mil hectáreas en las provincias de Córdoba (60 por ciento), Chaco, Salta y Buenos Aires. >

En la zona de Río Primero, por ejemplo, un campo que tiene para la soja un potencial de rinde medido en las últimas cinco campañas de 28 quintales se paga nueve quintales por hectárea. No obstante, en los últimos años algunos acuerdos se cerraron con una participación hasta del 45 por ciento del valor promedio del rinde. "Se trata de un valor techo", sostuvo el productor. >

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Condición sustentable

Si bien la mayoría de los contratos se pacta a un año de plazo, esto no significa que no haya rotación agrícola. Como regla, los dueños no aceptan que se siembre el ciento por ciento del área con soja.

Según Daniel Rivilli, del fideicomiso Marca Líquida, más del 80 por ciento de los contratos nuevos incluyen un plan de rotación. "Los dueños imponen un porcentaje de maíz dentro del esquema de producción, por más de que el plazo sea a un año y se pague a valor soja. Hoy con el valor que tiene el maíz es más rentable que un año atrás", admitió. >

Extensión. El plazo de los contratos también es materia fuerte de negociación. Mientras los propietarios mantienen, por lo general, la postura de cerrar convenios por campaña (pueden así negociar otro valor al próximo año), los productores buscan que los acuerdos sean plurianuales. Un mínimo tres años como prevé la centenaria y vigente ley de arrendamientos y aparcerías de 1848. >

"El dueño de la tierra y el que contrata deben entender de qué manera se debe abordar un sistema de producción que sea un buen negocio para las partes, no sólo en el corto plazo, sino también en los años futuros", explica Jorge Romagnoli, presidente de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid). >

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Estrategias

Como parte de la estrategia para conseguir contratos a largo plazo, los productores ofrecen valor agregado. En campos de pie de sierra o con problemas de erosión y zonas lavadas, las obras de sistematización a cargo del arrendatario son parte del acuerdo. "Hemos tomado campos donde hacemos una inversión que ronda el quintal por hectárea y por año, que nos va a dar beneficios a nosotros y que le aporta una mejora permanente al establecimiento", comentó Rivilli.

La forma de pago en los contratos a largo plazo contempla dos alternativas. La preferida por los propietarios es un valor fijo adelantado al inicio de la campaña. En algunos casos se puede conseguir una flexibilización que incluye un adelanto de hasta el 70 por ciento y el resto a pagar al final de la cosecha. La otra opción es un valor fijo ajustado por un porcentaje de la producción. En ambos casos, los valores son similares a los contratos por un año. >

Paños fríos. "Estamos viviendo el inicio de la compulsa. Lo que se ve en los primeros contratos es un aumento en el valor que no superará el dígito", afirmó Carlos Peñafort, coordinador de la región Centro de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea).>

En la zona que abarca el sur de Córdoba, este de San Luis y una parte del oeste de Buenos Aires, el escenario para los futuros arrendamientos aparece condicionado. "A pesar de la buena cosecha que se avizora, hay incertidumbre a partir de lo que pasa con el precio del trigo y del maíz, lo que sucedió en la zona con el mal de Río Cuarto y las inundaciones que se registran en el sur de la provincia. Cuando parecía que el mercado se iba a disparar, por ahora hay paños fríos", explicó Peñafort, quien coordina en la región 134 productores Crea que trabajan un superficie de 169 mil hectáreas propias y alrededor de un 20 por ciento más en campos de terceros. >

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Contratos plurianuales

Como ocurre en otras zonas de la provincia, los contratos a un año de plazo con el pago de un valor fijo en quintales por hectárea es el modelo más difundido. No obstante, los acuerdos plurianuales -a tres años- también comienzan a difundirse. "No es lo más frecuente, pero se están adoptando en la región. Es una forma de que el productor pueda planificar con un sistema de producción que incluya rotación y fertilización", admitió el técnico.

Con el avance de la agricultura y su mayor presión sobre la oferta de tierra, la forma de pago de los contratos fue mutando en la zona. Hasta hace cinco años atrás, la modalidad de pago más difundida era una parte fija con un saldo a porcentaje; ahora, la preferencia por parte de los propietarios es una suma fija. El desembarco de los pools de siembra, que reciben el aporte financiero de otras actividades económicas, y el arribo del maní también contribuyeron a los cambios.

Algunos números

De acuerdo con los números de la entidad, para pagar un alquiler de 19 quintales por hectárea, la soja (con un valor forward mayo 2008 de 196 dólares) proyecta un rinde de indiferencia de 34,6 quintales. Si el valor de arrendamiento trepa hasta 20, la producción deberá llegar hasta los 35,9 quintales para no perder plata.