Flavia Rossi/FyO
Hay poca soja para comprar y falta espacio para almacenar. El mercado está pagando bien por las entregas diferidas. Los exportadores y las fábricas ya compraron el grueso de la soja que necesitan durante los meses de cosecha y ahora la intención es tentar al productor a que siga vendiendo para la fecha en que vuelva a escasear la materia prima para procesar.
Las fábricas ya aseguraron internamente más de 10 millones de toneladas y la exportación comprometió unas 4,5 millones de toneladas; las operaciones forwards crecieron 70 por ciento más que el año pasado. Pese a ello, la mercadería alcanza justo para cubrir las exportaciones de poroto, aceite y pellets que ya se cerraron.>
Y si bien se espera una cosecha récord, el aumento de la producción no llegaría a compensar los mayores negocios que se hicieron. La recolección está empezando con el 35 por ciento de la soja ya negociada, lo que marca un adelanto importante desde los 23 puntos porcentuales del año pasado a igual fecha.>
Además, el alto número de contratos realizados trae dos riesgos latentes para el comprador: la fecha de recibo de la mercadería puede prolongarse algunas semanas más de lo normal y puede ser difícil administrar la capacidad de almacenamiento para organizar los embarques.>
>
Para analizar las ventas diferidas se deben comparar los precios obtenidos en cada momento contra los costos que deben afrontarse. Por ejemplo, esta semana un productor podría haber elegido vender cerrando forwards con entrega en mayo a 194 dólares o 210 dólares con entrega en setiembre en la zona de puertos de Rosario.
Para evaluar cada alternativa conviene comparar el premio actual (o pase) con los niveles de otros años. Los 16 dólares de diferencia entre mayo y setiembre (cuatro dólares mensuales) implica una tasa bruta de retorno de 8,2 por ciento y supera ampliamente la tasa promedio de cuatro por ciento que se obtuvo durante 2006 (y los 1,5 dólares por mes de ese momento).>
Si se parte de la base de que los pases que está pagando el mercado son buenos y que el precio del contrato setiembre está sobrevaluado, debe considerarse el grado de necesidades financieras que se tenga. Como el pago de estos contratos es contra entrega, vender diferido implica cobrar diferido y puede generar un costo financiero para adquirir los insumos necesarios de la pre campaña.>
Debido a que el productor promedio ya vendió el 35 por ciento de su producción y recibirá efectivo durante la cosecha, es probable que muchos actores no tengan grandes problemas para afrontar las siembras. Los productores que sí necesiten financiación podrían hacerlo a un promedio de siete por ciento anual (en bancos de primera línea en moneda extranjera) o 2,3 por ciento en los cuatro meses que debería esperar hasta recibir el pago por la venta diferida.>
>
Por último, se debe que cuantificar el costo de almacenar la mercadería. Si bien será diferente según el tipo de almacenaje que maneje el productor, puede suponerse un promedio de cuatro dólares por tonelada para embolsar y desembolsar la mercadería. El análisis arroja una lección a tener en cuenta: aún descontando el costo financiero y el almacenaje de la tasa bruta de retorno (el pase entre mayo y setiembre), el negocio con entrega diferida sigue ofreciendo una ganancia más que interesante y difícil de encontrar en otras alternativas financieras del mercado.