AFP/EFE
Doce candidatos, un electorado indeciso y dos favoritos, Nicolas Sarkozy y Ségolne Royal, cuyos optimistas planes podrían hacerse añicos: los comicios presidenciales franceses del 22 de abril son una gran incógnita que comienza a atraer las miradas del mundo.
A menos de un mes para que unos 42 millones de franceses sean llamados a las urnas, todos los pronósticos son factibles ya que el 50% del electorado no está seguro de su voto.>
Lo que sí está claro es que estas elecciones abrirán una nueva página de la historia francesa, que será escrita por una nueva generación de políticos.>
Con la retirada de Jacques Chirac, elegido en 1995 y reelegido en 2002, desaparecerá del escenario el último dirigente de una generación que conoció bien al general Charles de Gaulle, fundador de la V República francesa e inspirador de una política exterior independiente y europeísta.>
En total, 12 candidatos disputarán estos comicios. De derecha o de izquierda, todos ellos desean devolver a los ciudadanos la confianza en quienes les dirigen en un país desgarrado por las tensiones sociales, angustiado por el desempleo y receloso ante el proyecto europeo y los desafíos de un mundo globalizado.>
La receta se llama "ruptura tranquila" para el conservador Nicolas Sarkozy, "democracia participativa" para la socialista Ségolne Royal, o "revolución pacífica" para el centrista Franois Bayrou.>
Royal y Sarkozy, que hace meses parecían predestinados a disputar cara a cara la segunda vuelta, el próximo 6 de mayo, ya no lo dan por hecho.>
La líder socialista, primera francesa con posibilidades de convertirse en presidenta, reinó sin sombra en los sondeos de opinión hasta enero, pero perdió fuerza debido a las críticas sobre su inexperiencia, a la ambigüedad de su programa electoral y a algunos pasos en falso en materia de política internacional.>
Frente a ella, apareció un Sarkozy todoterreno, experimentado y hábil, con un carisma que puede conquistar o disgustar, pero ante el que nadie queda indiferente.
El candidato conservador y hasta ahora ministro del Interior, que lidera por ahora los sondeos, no tiene miedo de revolver en campos minados como la identidad nacional, la relación con Estados Unidos, la delincuencia juvenil o la duración de la jornada laboral.>
Sus ideas, criticadas por la izquierda y organizaciones de derechos humanos, gozan sin embargo de un amplio apoyo entre el electorado.>
"En la campaña francesa se enfrentan dos visiones del futuro de Francia. Lo que está claro es que Sarkozy y Royal simbolizan un cambio de generación y una renovación profunda. En lo demás, todo les separa", consideró el politólogo Nicolas Beytout.>
Un tercer hombre, Franois Bayrou, candidato de centro, se ha hecho un hueco en la primera línea de favoritos. Predicando una revolución pacífica, el político ha conseguido pescar votos entre los votantes de derecha que tienen miedo de Sarkozy y los de izquierda que consideran el proyecto de Royal algo descafeinado.>
Ante este panorama, los socialistas temen que los franceses deban elegir entre dos opciones de derecha en la segunda vuelta, como ocurrió en 2002.>
Hace cinco años, el líder del Frente Nacional (FN, extrema derecha), Jean Marie Le Pen, consiguió más votos que el candidato socialista Lionel Jospin y pasó a la segunda vuelta, lo cual provocó un terremoto político en Francia.>
Más centrada en las personas que en las ideas, la campaña electoral ha pasado a la velocidad superior, motivada por la esquizofrenia provocada por una lluvia de sondeos dispares a los que los candidatos no consiguen permanecer inmunes.>
"Haré campaña hasta el 22 de abril (fecha de la primera vuelta) para pasar a la segunda vuelta. Los sondeos no deciden nada, sino los franceses", declaró en estos días un 'humilde' Sarkozy, favorito en las encuestas de opinión.>
A la izquierda de Royal hay al menos cinco candidatos: el trotskista Olivier Besancenot, el líder antiglobalización José Bové, la comunista Marie-George Buffet, Arlette Laguiller y Gérard Schivardi. Además, también disputará las elecciones la ecologista Dominique Voynet.>
En la derecha, además de Sarkozy y más al centro Bayrou, se encuentran Le Pen, Philippe de Villiers y Frédéric Nihous.>
Después de 12 años de presidencia de Jacques Chirac, los tres principales candidatos a reemplazarlo prometen una renovación, una bocanada de aire fresco y una forma diferente de gobernar. Estas elecciones se ven inundadas por diversos temas económicos y sociales, pero sobre todo, los electores se preguntan por la forma en que el nuevo presidente ejercerá el poder.
Ségolne Royal, que podría pasar a la historia como la primera presidenta de Francia, desea encarnar en las elecciones de abril y mayo de 2007 una renovación serena, tenaz y audaz de la izquierda, pese a sondeos que desde hace dos meses la dan por inevitable perdedora en las urnas.
Para llegar a ser candidata socialista, Royal, de 53 años, tres veces ministra, diputada desde hace 20 años y presidenta regional, tuvo que ser más fuerte que los pesos pesados de su partido, que, en un país donde la política es "cosa de hombres", se negaban a admitir que esta mujer fuera su única baza para vencer a la derecha.
Delgada, bonita, elegante y sonriente, esta madre de familia es la nueva imagen del Partido Socialista francés, dividido y a la deriva desde su estrepitosa derrota en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002.
"Asumo mi identidad de mujer y hago política de otra manera", aseguró recientemente.
Desde que fue elegida candidata en noviembre, "un verdadero gesto revolucionario", según ella, Royal ha recorrido Francia para escuchar las expectativas y frustraciones de los ciudadanos y convertirlos en los "verdaderos protagonistas" de su programa electoral.
Es la "democracia participativa" que impregna las 100 propuestas de su campaña, explicadas en una página en internet llamada "Deseos de futuro".
Pero "Ségolne", como es llamada por los franceses, ha sido criticada por su supuesto estilo "demagogo", la falta de ideas propias, su inexperiencia internacional y el abandono del proyecto socialista para inclinarse peligrosamente hacia la derecha.
Después de un inicio de campaña algo caótico, Royal, impermeable a las críticas, consiguió unir detrás de su candidatura a los grandes nombres del socialismo francés.
Según los últimos sondeos, la política, apodada "Zapatera" por sus amigos, en referencia al presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, perdería por una diferencia mínima ante Sarkozy en una segunda vuelta de los comicios.