No es precisamente la historia de los reflejos caninos del ruso Iván Pavlov, pero algo de eso subyace en las respuestas que genera un estímulo en la economía y de cómo éste condiciona las reacciones. Lo recordaron el año pasado los estadounidenses Steven Levitt y Stephen Dubner en el curioso libro Freakonomics.
Y la ganadería, por cierto, está a merced de numerosos estímulos, pero está claro que el factor precio es la brújula que orienta la dirección que finalmente tomarán los productores. Ocurre que desde hace meses, el imán que domina la aguja está siendo manipulado por el Gobierno, que empapeló todos los mercados y ferias con las listas de precios sugeridos que llevan la firma del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Aun así, hay matices interesantes en las opiniones sobre el actual precio de la hacienda para faena. "Yo diría que hoy estamos en el mejor precio histórico", disparó el representante de los frigoríficos, Daniel Urcía. Segundos antes, Oscar Melo había reconocido que el sector "ha producido con precios aún peores". Aunque el razonamiento de Melo no se redujo a los valores, sino que se ramificó por las expectativas, que bien pueden ser interpretadas como el resto de los estímulos que influyen en la actividad. >
El argumento es que si hoy los precios son buenos pero las expectativas son malas, los productores preferirán liquidar su plantel antes de que los animales valgan menos. O harán como Danilo Cravero, que en su campo cercano a Río Tercero produjo una reducción estratégica del rodeo a la espera de mejores tiempos.>
"Achicamos más del 40 por ciento. Se fueron vacas puras a faena. No había necesidad, pero liberamos suelo para agricultura e hicimos una buena selección pensando en la vuelta del negocio", comentó. Y eso también tiene que ver con los precios competitivos que florecen en el cantero agrícola.>
Es que los ganaderos están obligados a pensar a largo plazo. El problema es que el Estado, que debería colocarse el traje de socio, no lo hace. Tríbulo fue tajante: "Coincido en que el precio es favorable, es un buen valor coyuntural, pero quién garantiza que en el futuro sea un precio sustentable".>
-�Pero de qué precios hablamos, del invernador o del criador?, preguntó Lábaque. Y puso el dedo en la llaga. Es que los desajustes que soporta la cadena ganadera se trasladan al eslabón más débil: los criadores.>
Según datos de la empresa consignataria Juan Barberis, la reposición del novillo pasa por un excelente momento para el invernador de compra. "El ternero está tan barato como lo estuvo durante las crisis aftósicas", señala el estudio, que también advierte la depreciación del ternero frente a otras categorías.>
Cravero asegura que en los campos de cría de Punilla y Calamuchita no se puede producir con eficiencia. "El modelo se apaga", dijo. La sentencia también fluyó de boca de Melo, para quien las vacas no vuelven más a la zona ganada por los planteos agrícolas de soja y maíz.
Es que durante el proceso de transformación, el ganadero resignó un modelo que difícilmente vuelva a adoptar. Incluso, financió su apuesta agrícola con los animales vendidos para liberar espacio. Entonces, sería ilógico volver sobre sus pasos en un área que trocó decididamente su perfil productivo. >
Además, la ausencia de un plan efectivo para el primer eslabón de la cadena choca con la política de subsidios que apunta a la terminación de los animales en los feedlots para dibujar una salida inmediata al problema de la oferta destinada al consumo interno.>
La influencia del precio es tal que para Melo representa la mejor herramienta de promoción para las carnes alternativas a los cortes vacunos. Y no pasa por reducir el valor de la carne bovina, sino todo lo contrario, para que el cerdo y el pollo queden a una distancia considerablemente competitiva.
Pero la política de precios máximos también genera reacciones colaterales. Muchos productores ganaderos que pensaban comprar terneros para terminarlos en un engorde a corral anularon la operación y optaron por lo que Lábaque calificó como "la inversión de los vagos": comprar departamentos en la capital provincial hasta que el panorama tenga alguna pizca de certeza.>
Por lo pronto, la única certidumbre es que se rompieron todas las brújulas. Melo cree leer un mensaje claro de parte del Gobierno: "No hay que producir en el campo lo que comen los argentinos", exclamó en tono irónico. La conclusión es que si no se puede exportar en forma libre, hay que cambiarse a una actividad sin restricciones.>
En el terreno de los agroalimentos no son muchas las opciones. Los productores lo saben y por eso desembocan en la soja, que pese al alto nivel de retenciones sobre la exportación, tiene un apego nulo en la cultura gastronómica nacional.>
La carne vacuna, en cambio, está en el otro extremo. Las estadísticas hablan de un consumo interno de 62 kilos anuales por habitante, pero Urcía calcula que en realidad "estamos en 70 kilos o más". A este ritmo, y mientras se siga alentando el consumo interno, será difícil que las carnes alternativas despeguen. Melo aportó datos contundentes: Argentina come el 250 por ciento de la media mundial de todas las carnes. Sólo en bovinos, se supera el 50 por ciento de ese parámetro. >
El Gobierno nacional analizará la posibilidad de otorgar algún tipo de subsidio a la empresa concesionaria del Mercado de Liniers, debido a la disminución de las operaciones, de más de un 50 por ciento, que registra el mercado concentrador desde noviembre pasado.
Durante una reunión que mantuvieron el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, y el titular de la concesión, Roberto Arancedo, las partes barajaron también la alternativa de implementar una rebaja del canon que paga la empresa mientras duren los controles de precios sobre el mercado.
Desde que el Gobierno decidió imponer una lista de precios máximos, el ingreso de cabezas cayó más de la mitad, de un promedio mensual de 180.000 cabezas a unas 90 mil. A la disminución de los ingresos también se le agregó la falta de calidad en los animales ofertados, lo que también repercutió en los ingresos de la concesionaria.
Obreros y empleados de casas consignatarias y del Mercado hicieron el miércoles una asamblea para analizar el momento que atraviesa Liniers.
El recorte que vienen registrando las remisiones de hacienda en los últimos cuatro meses (entre lunes y miércoles de esta semana entraron 6.369 cabezas, determinó que los empleados del mercado concentrador volvieran a expresar "fuerte preocupación" por el eventual cierre de ese predio y peligre sus fuentes de trabajo. Desde la empresa descartaron abandonar la concesión.
Daniel Alonso