Al título de la editorial lo expresó un ruralista, mientras recorría a caballo los campos inundados de su zona. El hombre, tambero de ley, está poco acostumbrado a lidiar con los excesos de agua. Como casi todo el departamento Castellanos, su tambo evidencia los estragos del acoso destructivo del agua. La persistente presencia del líquido elemento viene desgastando las explotaciones agropecuarias de manera lenta pero efectiva. El pésimo estado corporal de los animales, expresado a través de la pérdida sistemática de peso y los accesos de fiebre, va arrastrando a los mismos a una muerte segura. El arroyo Las Prusianas se lleva en las aguas enardecidas de su caudal los cadáveres de vacunos que no supieron ingeniárselas para poder salir a tiempo.
En toda la extensión del departamento más lechero de la provincia la situación es similar, estimando -en una mirada poco pesimista- en más del 50 % de pérdidas de la producción tambera total.>
Viniendo un poco más acá, en Las Colonias, el cuadro se presenta aún peor. En toda la semana, los registros indican 530 milímetros de agua caída en San Jerónimo Norte y casi 400 en San Carlos. Esta masa de agua sepultó tanto a pueblos como a zonas rurales, en donde la productividad lechera bajó prácticamente a cero.>
En el tema agrícola la situación no es mucho mejor. Las sojas de grupos 3 y 4 que prometían romper todos los récords están bajo agua y ya se han perdido. El suministro de energía eléctrica, vital para la producción, está severamente condicionado, los grupos electrógenos están trabajando sin descanso y al borde del colapso.>
Las comunicaciones terrestres están virtualmente suspendidas, con una ruta 70 cortada en varios tramos, la autopista Santa Fe-Rosario inundada, y la ruta 19 que impide el acceso desde el oeste a la capital provincial.>
En los cascos urbanos, los inundados se agolpan reclamando asistencia, habiendo dejado atrás sus hogares bajo el agua. La ayuda del Estado, en tanto, se implementa como se puede, tratando de organizar semejante caos de la mejor manera.>
Es que los volúmenes de agua caída son tan grandes, que la capacidad de asistencia quedó chica para semejante cantidad de gente. Los santafesinos volvimos a vivir el acoso del agua, aunque esta vez, la invasión fue más extendida, más intensa e impredecible.>
La misma nos obliga como sociedad a replantear una vez más los sistemas de emergencia y ayuda, además de volver a repensar el agua como factor omnipresente en la región a la cual debemos adecuarnos y no al revés, porque la finitud de la existencia humana volvió a quedar demostrada ante el embate súbito de la naturaleza.>
Los canales de drenaje y el trabajo de los comités de cuenca deben pasar a ser una cuestión de Estado, para que en la próxima, podamos decir que hicimos todo lo humanamente posible para amortiguar sus efectos.>