Aunque parezca mentira, la historia vuelve a repetirse. La causa no es el Salado, sino la lluvia; pero el agua es la protagonista principal y un cordón amplio de vecinos, los damnificados.
Parece mentira, pero el cronista vecino camina en la tardecita otoñal de Santa Fe y está obligado a levantar la cabeza ante el paso rasante de helicópteros de algunas de las Fuerzas Armadas que ayudan en el patrullaje o en el rescate de personas.>
Parece mentira, pero el señorial bulevar Gálvez-Pellegrini se vuelve a poblar de camiones con cargas de todo tipo, incluida hacienda en pie, que no tiene otro camino para atravesar la ciudad.>
Parece mentira, pero deambulan camionetas, autos y carros con pertenencias de familias que buscan un refugio seco para pasar unos cuantos días o semanas.>
Parece mentira, pero familiares empiezan peregrinar por los medios para buscar algún pariente, amigo o vecino, perdido de vista en el momento de abandonar el barrio con las pocas pertenencias que permite el paso furioso del agua.>
Parece mentira que, pese a la lección de cuatro años atrás, todavía la gente se queje porque a su centro de evacuación tardan horas y horas en llegar la comida o alguna manta para tapar a la familia.>
Parece mentira, pero los refugios presentados por la Municipalidad algún tiempo atrás, utilizados ahora para los vecinos del cordón este que viven fuera de los anillos de defensa, fueron asentados en terrenos que, con la primera lluvia importante, se anegaron y hubo que reevacuar a las familias.>
Parece mentira, pero, ahora que las defensas están bien cerradas y permiten evitar del ingreso de las aguas del Salado al cordón oeste, no hay bombas de suficiente tirada como para sacar el agua de lluvia que colmó los reservorios y avanza, impiadosa, sobre construcciones precarias y de las otras.>
Parece mentira verlo instalado nuevamente en la ciudad al ministro de Salud de la nación, Ginés González García, diciendo que la situación sanitaria está controlada y que habrá que aplicar algunas vacunas para evitar epidemias.>
Parece mentira, pero, en cuatro años, nuestros gobernantes nada aprendieron o creyeron que una inundación es cosa que ocurre cada cien años y que a su turno de gobierno no le iba a tocar.>