Postales del fenómeno pluvial
Aun sin ríos a la vista, igual San Jerónimo Norte se inundó
Histórico. La plaza de San Jerónimo Norte inundada, una postal sorprendente, pero con un premonitorio antecedente, a fines de 2006. Foto: El Litoral

Inundación y evacuados eran términos que no entraban en su diccionario. Pero llegó la lluvia y, con ella, una problemática que impone una visión integral en materia de obras hidráulicas. Crónica de una semana crítica.

San Jerónimo Norte tuvo su miércoles negro en marzo, inolvidable jornada gris que desencadenó la histórica emergencia hídrica para la localidad y la región. Fueron 235 milímetros en 24 horas, que se sumaron a los 53 y 90 del lunes y martes, primero, y después, a otros 121, el jueves, y 46, el viernes. En ese semana, en tan sólo cinco días, precipitaron 545 mm, acumulando 745 mm en el mes.

En las primeras horas de ese fatídico 28 de marzo, la comuna gestionó ante el Ministerio de Asuntos Hídricos de la provincia una bomba extractora porque una importante cantidad de calles del pueblo ya estaba anegada. La masa de agua no paraba de ingresar por el sector noroeste de la zona rural.>

"Eso nos salvó" admitió, tajante, Raúl Jullier, presidente comunal, en diálogo con El Litoral. La bomba de un millón de litros/hora que se anticipó a gestionar la comuna comenzó a funcionar ya ese mismo miércoles, en el acceso al pueblo, donde había unos 40 cm de agua en algunas viviendas. Rápidamente, se llenaron 7.500 bolsas de arena para amortiguar los efectos del aluvión, con un trabajo coordinado entre la Junta de Defensa Civil y la comuna.>

En el Cuartel de Bomberos se dispuso el primer Centro de Evacuados y, luego, el Club Libertad cedió sus instalaciones, donde estuvo la mayor cantidad de las familias afectadas. A esto se sumó el Colegio San José, además de los autoevacuados en casas de familia. En el peor momento de la emergencia hubo un total de 220 afectados.>

La asistencia a los mismos en cuanto a alimentos y ropa se coordinó entre Bomberos Voluntarios y Cáritas, que suministró colchones y ropa para los chicos, gesto solidario que tuvo una particularidad que permitió atenuar los efectos del fenómeno pluvial. San Jerónimo recibe a miles de niños todos los años en el torneo internacional El Valesanito, que garantizó un stock de colchones imprescindible.>

Esto se completó más tarde con más colchones, frazadas, ropa, calzado y alimentos provenientes del gobierno de la provincia. La solidaridad del pueblo hizo el resto: muchas familias donaron víveres y otros elementos, en un operativo importante que contuvo a toda la comunidad afectada.>

Rodeados de agua

Una panorámica aérea habría permitido refrendar los dichos de la autoridad comunal."Estábamos rodeados de agua", dijo Jullier, quien aclaró que ésta drenó hacia el este por pendiente natural, proviniendo en una gran masa desde el norte y el oeste. "El caudal de agua fue algo nunca visto. Colapsó el canal San Jerónimo-Santa María, que estaba repleto. Esto trajo una gran masa líquida, porque desagota hacia el sur", precisó.

"Era todo agua" insistió, con asombro, para luego graficar que las imágenes televisivas que se difundieron del distrito de Santa María eran similares a las de la laguna Mar Chiquita, "porque no se vieron alambrados, ni postes, ni árboles". Para asistir a las personas allí afectadas se debió recurrir a tractores con acoplado hasta un determinado lugar y, de ahí, en lanchas.>

"Sólo se veían embarcaciones auxiliando a la gente", completó. Las casas del lugar tenían un metro de agua en su interior.>

A una semana de iniciada la crisis, la calma retornó a San Jerónimo y, a la fecha, sólo queda un puñado de evacuados. La mayoría de las familias retornó a sus hogares, pero los problemas persisten en la zona rural. En la planta urbana ya no queda agua, sólo vestigios de una experiencia que los marcará para siempre.>

"Somos como una población de paso para el agua", reconoció Jullier, puesto que se reciben los excedentes desde la zona de Pilar, Santa María, Aurelia, "y los receptores de esta masa de agua son Las Tunas y Franck", advirtió, tratando de dar una visión integradora de la problemática. "Y si hay tapones que obstaculizan el agua, sabemos que hay pueblos que se van a inundar", añadió.>

El sombrío panorama se completa con el duro golpe que recibió la lechería, una de las marcas registradas de San Jerónimo Norte. "Han muertos muchos animales. Esto repercutirá enormemente. En la parte productiva, sentiremos las consecuencias en unos meses, lo que provocará una crisis en toda la región", anticipó.>

Las obras

Tras el temporal del 25 de diciembre, la comuna de San Jerónimo Norte intensificó su plan de obras hídricas y colocó, en 3 meses, 300 tubos de alcantarillas, reemplazando los existentes por otros de mayores proporciones. También se comenzó a limpiar un canal que tiene salida en la parte norte del pueblo, que pasa por detrás de las instalaciones del club Libertad y desemboca en el canal secundario en la zona de San Wendelino. Hay un segundo y un tercero más al norte, que llevan los excedentes hacia el este. "Para evitar que el agua vaya hacia esa zona, levantamos alcantarillas en un camino que la deriva hacia el canal Santa María", completó Jullier. Inconcluso quedó un canal al oeste del pueblo -trabajo condicionado por las lluvias-, que impedirá que ingrese agua al casco urbano por el norte.

El presidente advirtió que pueblos como Santa María, San Jerónimo Norte y del Sauce, Las Tunas, Franck, Pujato defienden la postura de que se ejecuten obras prioritarias, como una apertura mayor en la RN 19, en la zona de los Cuatro Sauces, que "es un cuello de botella, que frena mucha agua", y un desagüe en calle Moreno, atravesando la RP 6 en Franck, para que el camino de Milkaut pueda sacar una considerable cantidad de agua.

Para Jullier, habrá que repensar el proyecto de la Autovía 19. Planteó que se hará, además, con la ruta 19. "La pauta se dio con esta lluvia, que levantó un nivel de agua sobre la carpeta asfáltica de 30 ó 40 centímetros. Es el ejemplo más claro de las obras que hay que hacer", concluyó.

Fe y voluntad

"Estamos más tranquilos -admitió el presidente comunal Héctor Jullier-, dejando un mensaje revitalizante. Agradecemos a toda la comunidad porque, si bien el agua no respetó ni edades ni clases sociales, hubo mucha solidaridad. San Jerónimo, con su fe y su fuerza, se mantiene de pie. El agua nos podrá quitar los bienes materiales, pero nunca nos quitará la fuerza, fe y voluntad que nos caracterizan".

Exequiel Kay