El gobierno provincial ha salido a buscar y a encontrar fondos para hacer ahora lo que no hizo antes. Desde la llegada tardía de Obeid desde Venezuela hubo una progresiva asunción de responsabilidades antes delegadas o larvadas y ahora se nota conducción, firmeza y rumbo adecuado. Es decir: con el correr de las horas el estado ha podido mostrarse siquiera presente. Mucha gente, desde luego, esperaba no estar sola en la emergencia misma, mientras aspira a encontrar algún tipo de ayuda para salir adelante.
La producción de la zona agropecuaria, la que se desarrolla campo afuera de las ciudades, recibió un mazazo paralizador, especialmente en los departamentos Las Colonias y La Capital -y genéricamente, en el centro y este de la provincia- y el quebranto se va a sentir en los próximos meses.>
El campo quedó bajo el agua y la rueda que lo moviliza (y que reparte su buen momento a todas las demás actvidades) está enterrada en el barro. La lechería se derrumbó, hay y habrá una no determinada cantidad de animales muertos, con sobre impactos en los castigados sistemas lecheros -con disminución estacional- y cárnicos, con liquidación de stock por la presión oficial y pérdidas de cabezas de ganado por la crecida del Paraná.>
Además Santa Fe le restará superficie y rindes a la "cosecha récord", pues las primeras sojas que no alcanzaron a ser levantadas quedaron heridas de muerte o directamente sepultadas; también quedó algo de maíz y sorgo sin levantar. Pasturas en crisis, nada de piso para trabajar el campo tratando de recomponer alguna forma de normalidad, el sector avícola con severos problemas de mortandad, el sector de huertas colapsado y problemas en absolutamente todas las producciones. Las rutas cortadas e intransitables, ya se trate de la naturaleza o de los piquetes: urge, en cualquiera de los casos, restituir el flujo. El gobierno se ha mostrado más apto para la reconstrucción que para la previsión, así es que se espera que pilotee bien esta situación.>
Desde las entidades que nuclean al campo se plantean en general tres escenarios, de acuerdo con la gravedad de la situación: uno, el más comprometido, con hipótesis de pérdida total y parálisis de la cadena productiva y que requerirá el máximo de ayuda (con epicentro en Las Colonias); un segundo grupo al que le llevará un semestre retornar a la normalidad; y un tercer grupo, el "menos afectado", que quizás necesite dos o tres meses en estar nuevamente a pleno.
En ese marco, hay un tratamiento especial para el sector lechero, pues los subsidios de cinco centavos del fondo compensador son nada ante la magnitud de la merma. Pruebas al canto: un buen tambo del departamento Castellanos (que no fue el más afectado), con 230 vacas en ordeñe bajó de 6.300 litros a 3.500. Si se promedia ese panorama a toda la cuenca, hablamos de una reducción de prácticamente el 50%. Aquí se plantea un aumento drástico del precio de litro de leche para evitar un seguro cese de actividades de los más castigados y la conseguiente pérdida de litros en un escenario de poca leche y alta demanda.>
En general se ha observado prudencia en las entidades del campo y en la oposición y se trata de dar, como corresponde, respuestas primero antes que pase de facturas.>
Es que más allá de las responsabilidades, lo que importa es comenzar de una buena vez a dar cuenta de la situación en nuestra provincia en materia de aguas, para que quede instalada una agenda para las próximas autoridades. Es que Santa Fe, en una franja que va unos kilómetros al norte de la ciudad y hasta, digamos Arocena, con un arco de por lo menos cien kilómetros hacia el oeste, es la rejilla del patio o del baño: el sitio por el cual escurre el agua que en leve pero real pendiente viene de toda la provincia, y de Santiago del estero y de Córdoba. Toda esa agua termina acá.>
Obeid, que tuvo la visión de crear un Ministerio que entienda en la materia, no ha avanzado lamentablemente mucho más allá. Deja, en todo caso, un instrumento para que se establezca una profunda política que tome cuenta de nuestra realidad de grandes ríos, napas saturadas y lluvias convectivas que ya no pueden ser "novedosas".>
Hay que tomar nota, pro ejemplo, para la futura autovía San Francisco-Santa Fe que hay que prever puentes y aliviadores en el Malaquías, en el kilómetro 23 y en los cinco kilómetros que estuvieron bajo agua en la Cañada del Sauce. Hay que tomar nota de los cortes de la 6, de íla autopista! y la 11, de la 70. Hay que, en fin, entender que debemos pensar de nuevo todo. Y para ello hace falta madurez política, pantalones largos y decisiones acordadas y no esta repetida lánguida pereza o impericia que muchas veces padecemos y que nos entrega obras necesarias y avances "por tramos" y espasmódicamente, conforme vayan pasando nuevas "emergencias". Tenemos, de una buena vez, que dejar de hacer agua.>
Néstor Fenoglio[email protected]