Pascua, vertiente de esperanza

El ser humano ha recibido de su Creador la posibilidad de abierta disponibilidad, proyectándose hacia un futuro hasta ahora no realizado. Esto es lo que define la esperanza.

Esperar lo que nos falta, aspirar a lo nuevo, a lo que anhelamos.>

En este conflictivo momento social podemos preguntarnos: ¿Marchamos fatalmente hacia el fracaso humano, o nuestro futuro puede estar iluminado por una esperanza salvadora?>

Cuando miramos con realismo este mundo, sobre todo nuestra América Latina, nos enfrentamos con un verdadero desafío para la esperanza.>

Hace unos años, nuestros obispos reunidos en Puebla, México, en 1979, al tomarle el pulso a la realidad americana decían: "A nivel socioeconómico, existe una situación de pobreza e injusticia generalizada, debidas a causas estructurales que deben ser consideradas como pecado" (Puebla 27-40).>

"A nivel político, abusos de poder y falta de respeto a los derechos humanos" (Puebla 41-43).>

"A nivel cultural, una continua agresión a la cultura y un grave problema educacional" (Puebla 51-62).>

Otros problemas surgen, como el machismo, marginación de la mujer, racismo, opresiones, desempleo.>

En cuanto a la fe, han ido creciendo nuevos desafíos: un estilo nuevo de vida guiado por un ateísmo secularista; modelos nuevos de vida reñidos contra la ética humana (¿nos dice algo sobre este punto el espacio televisivo "Gran Hermano"?); sectas religiosas cargadas de agresividad, propiciando una espiritualidad polarizada en la sola seguridad llamada milagrosa, con fuertes dosis de sentimentalismo y emotividad...>

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó América con motivo de Puebla, hablaba del escándalo de la creciente brecha entre ricos y pobres, donde el lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas, calificando a esta situación como de verdadero pecado social (Juan Pablo II, Oaxaca).>

"Además, se está escuchando un clamor cada vez más tumultuoso e impresionante de un pueblo que sufre y que demanda justicia, libertad, respeto de los derechos fundamentales del hombre y de los pueblos" (Puebla 87).>

Ante esta situación de buena parte de nuestros hermanos, que padecen como una permanente "crucifixión" en una vida sufriente, ¿podríamos acaso contentarnos con una celebración de la Pascua Cristiana, cerrada sólo en lo ritual, sin una proyección solidaria y comprometida de lo que implica vivir las dimensiones sociales de nuestra fe?>

Celebrar nuestra Pascua será celebrar al Dios de la Vida, al Dios liberador, al Dios de la historia que oyó el grito de los esclavos en Egipto y que nos dejó la fuerza transformadora de su Evangelio, un Evangelio que encierra un germen de vida y esperanza como inicio de una novedad de vida humana.>

Vale recordar lo que el entonces Cardenal Joseph Ratzinger (nuestro hoy Benedicto XVI) les decía en aquel verano de 1977 a los estudiantes de la Universidad de Tubinga: "La fe cristiana afirma que Cristo ha realizado la salvación del hombre, que en él comienza irrefutablemente el futuro del hombre, que a pesar de ser futuro, es también presente. En Cristo comienza la verdadera humanidad" ("Introducción al Cristianismo").>

Distintas ideologías han intentado iniciar caminos para un mundo nuevo. El mismo Marx decía: "Hasta ahora los filósofos han interpretado el mundo, ahora hay que transformarlo".>

En el año 1975 S.S. Pablo VI preguntaba al mundo católico: "¿Ustedes creen que el Evangelio sigue teniendo aquella misma fuerza que transformó el mundo pagano de entonces?". Como desafío escribe aquella exhortación, "Evangelización de los pueblos", que sigue iluminando como libro de cabecera el proceso de evangelización y catequesis actual.>

Aquellos cristianos de la primitiva Iglesia, con la sola fuerza de su testimonio de vida nueva cristiana, sin apoyo de ningún poder humano, con la fuerza de la Palabra del Evangelio, transmitieron la esperanza de una sociedad nueva que actuaba como alternativa de vida frente al paganismo.>

Celebrar la Pascua es pronunciar un rotundo y sincero "Yo creo en la esperanza que nos llega con la Resurrección de Jesús de Nazaret".>

Es el triunfo del Resucitado, que concluyó aquella etapa de un largo camino de sufrimientos, de pasión y de martirio, desafiando las mentiras, las codicias, las injusticias, en una palabra, los pecados del mundo.>

Por eso, aquel mártir de nuestro tiempo, el obispo Romero, había dicho que el pecado es lo que dio muerte a Cristo y sigue dando muerte a tantos hombres de hoy.>

Celebrar la Pascua es celebrar al Dios de la vida.>

La resurrección de Jesús es la palabra definitiva de Dios ante toda idolatría, es el juicio ante las injusticias y ante todos los dioses de la muerte.>

El final de aquella emblemática pasión que llevó a la muerte a Jesús de Nazaret no correspondió a los poderes de la muerte que esgrimían Caifás, Herodes o Pilatos, sino a la sola fuerza de Dios resucitando a su hijo Jesús.>

Celebrar esta Pascua es celebrar una fuerza profética que anuncia una verdadera esperanza, que nace de ese mismo Dios cuando la mañana de la creación infundió un soplo vital con su Espíritu vivificador, que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto y que en Pentecostés engendró una corriente de vida, que yo creo, es una verdadera esperanza para aquel que acepta un compromiso fiel con sus designios liberadores, como discípulo fiel de su hijo Jesús.>

Pbro. Hilmar Miguel Zanello