Diálogo con el rabino Sergio Bergman
En la calle como en el templo
Antes que del judaísmo como tal, prefiere hablar de "política cívica", desde su identidad judía. Liberal, crítico e inscripto en la tradición de defensa de los derechos humanos, insta a una activa participación ciudadana, para ocupar el poder y recobrar la República.

Emerio Agretti

El rabino Sergio Bergman ejerce la virtud de incomodar. Lo hizo cuando se sumó a las marchas de Juan Carlos Blumberg o a la Coalición Cívica impulsada por Elisa Carrió. Y cada vez que, con agudeza y elocuencia, cuestiona los modos del poder político, las posturas tradicionales de las estructuras de la comunidad judía o la falta de compromiso de la ciudadanía.

Verborrágico e intenso, y con la claridad y contundencia conceptual que lo caracterizan, dialogó con El Litoral en el marco de su visita a Santa Fe, para participar en el panel organizado por la DAIA en recordación del Holocausto.>

-Su adhesión a la Coalición Cívica, junto a Elisa Carrió, �es la materialización de su prédica por la participación ciudadana en política?.-Sí, y esto es noticia... desde 2002. Lo que pasa es que todo proceso cultural y social lleva un tiempo de maduración y articulación. Hay una emergencia de 2002, que es catástrofe, crisis. Hay una emergencia de 2007 que es lo que emerge, lo que empieza a hacerse visible y que se construyó desde abajo, lenta y algo desarticuladamente. Carrió es la primera -no la última ni la única- que, con su percepción, mira y dice lo que todos los argentinos sentimos: esto está agotado. -�Habla del gobierno?-Está agotado el modelo de participación, donde la estructura político-partidaria clásica no representa a nadie en el verdadero sentir cívico -a la vez que nos representa a todos, porque es lo que tenemos-. Entonces, tiene toda la legitimidad, porque es la democracia. Pero falta la espiritualidad cívica, o la política cívica. El vector que las conecta es el espíritu, la mística de la energía que hace posible que uno esté dispuesto a dedicar y consagrar algo de lo propio, privado, por lo público. -No es así como se entiende actualmente.-Si uno explica que existe política cívica, no lo entienden o no lo creen. Política es partido, candidaturas, ganar o perder, con quién está uno. Política cívica es sociedad civil que se involucra con el político mano a mano y discute con él, antes de que sea funcionario, cómo gestionar esta plataforma de programa y de proyecto que deberá poner a consideración de esa comunidad, donde hay muchísimos "habitantes", y tiene que haber ciudadanos. No significa que a todos con los que uno trabaje después los vaya a votar. La Coalición Cívica integra un componente nuevo, original, que dice que la gente de la sociedad civil que, por ahora, no va a ser candidata está ahí trabajando. -Está rompiendo con una tradición en las formas políticas. -Aquí el concepto innovador es pasar de "colisión" a "coalición". No estar chocando todo el tiempo, ese modelo de izquierda-derecha, peronistas-antiperonistas, que en realidad está vacío de ideas y de propuestas. No se entiende qué están discutiendo, como no sea la forma de retener poder. Hay una situación corrupta, en la que todos hablamos de algo que sabemos que no es. Los ciudadanos nos hacemos habitantes, bajo el principio pasivo de la alienación y decimos: "Elijo lo menos peor: no hay arreglo". La política cívica trae mística, esperanza. Así como alguna vez aprendimos con sangre que participar era peligroso, ahora hay que entender que lo más peligroso es no participar. -Esto incluye también a otros candidatos...-Roberto Lavagna invita la semana que viene a referentes religiosos. Vamos. Con Gabriela Michetti y Eugenio Burzaco venimos trabajando desde hace tiempo. Cuando hablamos con Lilita, estamos trabajando. No hay doble discurso o dobles lealtades. Si alguien nos dice: "Si vos hablás con nosotros, no hablás con nadie más", no jugamos. No se puede estar en dos listas, pero en política cívica se debe hablar con todos.Y en todo esto, un actor no menor es (el cardenal, Jorge) Bergoglio. Porque la Iglesia Católica tiene un referente que, frente a estos temas, fija posición, tiene involucramiento. Entonces, los que venimos desde las religiones a trabajar en política cívica no somos indiferentes a que haya un líder natural que tiene agenda, que surge de la lógica de la religión. Que no es cuando la sociedad civil o el Estado te invita a hablar de lo que necesita. No cuando te dice: "Ocupate de los pobres que estoy desbordado, hablame del aborto y de la reproducción sexual en las escuelas". Ésa es "su" agenda. Pero la religión tiene una agenda integral: equidad, trabajo, derechos humanos, los empresarios. Lo que uno piensa en el templo lo tiene que sostener en la calle. -�Y cuál es la forma de hacer esto?-A veces, la religión se puso en propietaria de la verdad. Yo digo: no, pongámonos en propietarios del diálogo, aportemos nuestra visión para ayudar a construir la verdad humana. Ahora, si nos dicen "llevate tu verdad al templo" -que es privatizarla- y que ellos se ocupan de la verdad de lo político y lo público, no es así. Porque lo político y lo público es de todos. Y la delegación, que es un principio de representación, es un pacto y un contrato. No un acto. -�Podría ampliar esto?-Un acto de delegación es votar. No se puede hacer una reducción del contrato a ese solo acto y pretender que, con las mayorías obtenidas, se puedan fijar las condiciones. Y el ciudadano que no quiere entrar en ningún contrato, que no quiere firmar contratos de participación, vota y se va. Y se va al lugar más cómodo del ciudadano que se hace habitante, que es el de ser espectador. Entonces, se sienta, lee el diario, prende la tele, escucha la radio y hace un trabajo totalmente editorial, interpretativo. "íMirá, vos, qué barbaridad lo que pasa!". Nunca lo que "me" pasa. Siempre es a otro. Hasta que le pasa a uno, y entonces se queja de la poca solidaridad, de que nadie lo acompaña. -Eso habla de los valores que imperan en nuestro país.-Tenemos un pacto perverso con lo sagrado. Para la sociedad argentina lo sagrado es lo material, el dinero. Cuando el dólar estaba a un peso estaba todo bien; salir de eso era la catástrofe. Cuando el país no iba para ningún lado, que alguien lo arregle. Cuando pusieron el corralito, salimos todos a la calle. Y ahora, que con los commodities anda bien el mercado global, hay superávit, hay caja, está todo bien. Y si no, nadie votó a nadie.Los argentinos somos ignorantes de la Constitución, no tenemos la menor idea de sus implicancias. El Preámbulo es un enunciado de los valores que definen el país que queremos ser. Entonces, hay que agarrar ese decálogo y avisar a los ciudadanos que no son solamente habitantes, y a los funcionarios, que siguen siendo ciudadanos. -A usted le cuestionaron ir a las marchas de Blumberg.-Blumberg es un padre que perdió a su hijo y convocó a movilizarse por la seguridad. Hasta ahí llegamos, no significa que lo voy a votar como candidato, ni que coincida con todo lo que él piensa. Y hay otros temas, claro: la pobreza, los derechos humanos. Y está bien. Todos tenemos el derecho de convocar y movilizarnos por el tema que queramos; yo los acompaño, voy a la plaza. Es el ejercicio del Derecho Constitucional en el estado más puro. Además, en forma tranquila, pacífica y sin impedir a nadie que haga lo suyo, que no siempre es la forma en que se manifiesta en la Argentina. -Esto también le mereció críticas desde las instituciones judías. Eso, �lo ha convertido en una especie de outsider en la comunidad?-Yo soy profesor de Formación Ética y Ciudadana. Y, en vez de andar enseñando Torá y judaísmo y de ver cómo los judíos practican su tradición, voy por las calles de la Argentina, desde mi identidad judía, a enseñar los valores de la Constitución. Que no van a ser diferentes que los valores de la Torá, de mi tradición, del Evangelio, del budismo, del Corán. Si decimos todos lo mismo, con distintos idiomas. En el seno de las instituciones judías hay una tensión, igual que en la sociedad, sobre legitimidad en la representación. Esa discusión es interesante, pero no relevante. Lo que importa es si el contenido de lo que discutimos responde a las necesidades de la gente, no a las nuestras.

"No hay cambio sin poder"

"Yo no tengo un pensamiento mesiánico. Tengo un pensamiento testimonial, por un lado, y ejemplar de la transformación. Porque algo se puede transformar. Y esto se hace desde el poder. Esto es algo que la sociedad civil y las religiones no quieren terminar de explicitar: nada que produzca un cambio en el sistema, y nada que tenga que ver con una utopía, se hace sin poder. La pregunta es la calidad del poder, cómo se instituye, cómo se usa.

"No es posible con la visión romántica de `hay que hacerlo sin poder'. `Que el poder se lo queden los malos, y nosotros que somos los buenos lo vamos a hacer con buena voluntad'. No. El poder se ocupa, el poder se toma y se ejerce. Buenas ideas, sin gestión, no van a funcionar.

"El primer psicoanalista de la historia bíblica, que fue José, cuando interpreta los sueños del faraón, era al mismo tiempo un especialista en management. Porque él adquiere liderazgo no por haber interpretado el sueño al faraón, sino porque le dio un plan de acción: guardar los excedentes de la época de vacas gordas, para la de las vacas flacas.

"Lo cívico sin coraje no instituye ciudadanía. No de ser héroes o mártires, pero sí de asumir riesgos -medidos, controlados- para hacer la diferencia.

Cuando lo público se asevera cultural y socialmente que es para que el no tiene nada para perder, se va a quedar con algo o va a tomar más de lo que deja, se asegura la perpetuación de esos valores a continuidad".

Perfil

El rabino Bergman conduce la tradicional sinagoga de la calle Libertad, en Tribunales. Tiene 45 años, 3 hijos y es egresado del Seminario Rabínico Latinoamericano. Cofundó Memoria Activa y actualmente es presidente de la Fundación Judaica. Además, es director ejecutivo del Arlene Fern Community School. Es farmacéutico, egresado de la UBA, e hizo un master en Educación en el Melton Institute de Jerusalén.