Las recientes declaraciones del cardenal Bergoglio, respecto de una Iglesia perseguida, deben ser interpretadas rehuyendo a las relaciones lineales o las politizaciones simplificadoras. El cardenal dijo esas palabras en la reunión de obispos celebrada en Pilar y sus contenidos refieren a una dimensión en primer lugar teológica, y sólo desde allí es posible inferir algunas conclusiones relacionadas con la política en términos conceptuales y no coyunturales o partidarios.
La advertencia es oportuna porque un lector desprevenido puede inferir que el cardenal estaría denunciando una supuesta persecución religiosa instrumentada desde el poder o desde el gobierno, una sospecha bastante alejada de la realidad, si por persecución se entiende clausura de templos, detención de sacerdotes o prohibiciones para ejercer el culto.>
Queda claro que la situación de la Iglesia Católica argentina no es semejante, por ejemplo, a la de la iglesia polaca en tiempos de la dictadura comunista. En la Argentina, la libertad religiosa se respeta y las diferencias existentes entre la Iglesia y el poder político no difieren de las que suelen observarse en otras democracias.>
�Por qué entonces la máxima autoridad católica de la Argentina habla de una Iglesia perseguida? Para responder a esa pregunta es necesario entender la tonalidad y los matices del lenguaje religioso y situarlo en el escenario donde Bergoglio pronunció tal discurso. Palabra y contexto, significado y significante son, en este caso, relaciones indispensables para entender un texto discursivo.>
Los destinatarios del discurso fueron los obispos que integran la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). En la oportunidad, Bergoglio dijo, entre otras consideraciones, que "la Iglesia fue, es y será perseguida; el Señor ya nos lo advirtió para que estuviéramos preparados". Queda claro que al referirse a que la Iglesia "fue, es y será..." alude a una verdad que trasciende la coyuntura política y los posibles aciertos o desaciertos de un gobierno.>
Para Bergoglio, la Iglesia fue perseguida, un dato histórico, pero también será perseguida, un dato que se abre hacia el futuro. Si estas palabras se pensaran desde la dimensión exclusivamente política, su contenido carecería de rigor racional, pero la siguiente consideración del cardenal permite a continuación "situar" sus afirmaciones: "La Iglesia será perseguida en la medida que mantenga su fidelidad al Evangelio. El testimonio de esta fidelidad molesta al mundo, lo enfurece y le rechinan los dientes. Los métodos son los mismos, la desinformación, la difamación y la calumnia".>
Las diferencias de Bergoglio con el gobierno nacional son conocidas; pero sería un error suponer que, para la Iglesia, esas diferencias se resuelven por la vía de la politización entendida como acción partidaria que desea conquistar el poder o mantenerlo. La fidelidad de la Iglesia con el Evangelio va más allá de la lucha partidaria y opera en otro territorio de la actividad humana, aquella que instala en un lugar privilegiado la trascendencia y desde allí ilumina el compromiso del hombre y de los hombres, tal como lo señala el Evangelio.>