Un cuarto de siglo de gallego

Todas las lenguas que denominamos minoritarias sufrieron en su recorrido vital por la historia de los hombres multitud de amenazas, todas ellas vinculadas con su menor potencial de hablantes. En este grupo no podemos olvidar el idioma gallego que, como todos los demás, pasó por etapas de esplendor (la época de las cantigas gallego-portuguesas...) junto a otras en las que fue amenazado por diversos factores, como no ser una lengua de cultura o estar repudiada por el poder centralizado en Madrid, como pasó en los años de la dictadura del general Franco.

A pesar de todos estos avatares, la lengua propia de Galicia logró sobrevivir siglo tras siglo porque tenía la fuerza de sus hablantes, la mayoría de la zona rural y de clase económica media baja. Con estos cimientos aterrizó en los años ochenta, ahí al lado si hablamos de la historia de una lengua. En esos años, a partir del esfuerzo de muchos intelectuales y lingüistas, se consigue articular unas normas básicas para el idioma, nace una gramática aceptada por la mayoría de los hablantes y se empieza a "colar" en ámbitos que antes le estaban "prohibidos".>

Hoy, el gallego es una lengua común, junto con el castellano, en la enseñanza (en donde hace muy poco se aprobó que la mitad de las materias se tenían que impartir en gallego), existe una televisión autonómica y una radio que emiten únicamente en gallego y un periódico, Galicia Hoxe. Pero, a pesar de todos estos avances, la lengua gallega nunca estuvo tan en peligro como hoy en día.>

Actualmente, ya no basta con que entrase en nuevos ámbitos, el gallego debe conquistar también el mundo digital y ser una referencia para las nuevas generaciones. Quizás a ellas les podríamos explicar que con nuestro idioma podemos viajar desde Portugal a Brasil, pasando por Cabo Verde o por Mozambique. O quizás no haría falta eso, solamente decirles que el futuro de la lengua está en sus manos, quizás lo único que vale ante la derivación globalizadora que está tomando el ser humano.>

Sólo nos importa correr más, llegar más lejos y lograrlo con el mínimo esfuerzo, pues para eso con una sola lengua bastaría. Quizás sí, pero al llegar a esa meta "utópica" �en dónde queda el alma humana?, �en dónde queda nuestro ser?, �en dónde quedan nuestros sueños? y, en definitiva, �seguiremos siendo seres únicos, con una cultura propia de la que sentirnos orgullosos y por cuyos valores valga la pena dar nuestra vida?>

Miguel Seoane