El equipo de psicólogos contratados de Atención Primaria de la Salud (APS), que depende de la Dirección Provincial de Salud Mental, hizo una reseña del trabajo clínico-comunitario en 17 centros de salud de esta ciudad, Recreo y San José de Rincón, y planteó las coincidencias y diferencias entre la inundación de 2003, momento en que se hizo visible su trabajo en atención primaria de la salud y el pasado 28 de marzo, cuando parte de la ciudad quedó nuevamente inundada.
"El desastre que ocurrió a partir del evento `inundación del 2003' (entendiendo desastre como el resultado de un evento adverso, natural o provocado por el hombre sobre un ecosistema vulnerable, causando daños humanos, materiales y ambientales), llevó a nuestra incorporación como profesionales para participar en la reconstrucción de una sociedad fragmentada", exponen en un documento.>
"La catástrofe del 2003 -añaden- se actualizó cada año a través de diversas manifestaciones colectivas (sensaciones de amenaza más o menos realistas, alertas, reclamos), mientras nosotros continuamos trabajando en cada una de las comunidades afectadas (Centenario, Fonavi, Chalet, San Lorenzo, Santa Rosa de Lima, 12 de Octubre, Barranquitas, Villa del Parque, El Abasto, Las Delicias, Alto Verde, Recreo, San José de Rincón). El modo de trabajo fue la atención clínica individual, vincular, con grupos familiares y la comunidad, trabajo que permite pensar y abordar modos de construcción desde el plano de la salud y no focalizar en la atención de la enfermedad".>
A través de la historia "desnaturalizamos fenómenos y pudimos, junto a las comunidades barriales y sus instituciones, sacar a la luz, dotar de visibilidad, supuestos históricos que se asumían como auto evidentes, incontestables e inmutables así como cuestionar la legitimidad del nosotros actual".>
"Así llegamos al 28 de marzo del 2007 y la historia se repite desde sus diferencias", apuntan.
Entre esas diferencias ubican "que el grupo de psicólogos de Atención Primaria, al recorrer los centros de evacuados, las calles silenciosas llenas de agua, los móviles sanitarios, pudo encontrarse con las miradas particulares de aquellos que ya no son más anónimos y sí pacientes, compañeros, vecinos de las comunidades barriales. Esta diferencia sólo es posible a través del trabajo que viene sosteniéndose a lo largo de esta historia en la que aún con todas las fragmentaciones del caso, se ha logrado la construcción de un nosotros. Que las personas `afectadas por las inundaciones' no son tan sólo aquellas a los que le llegó el agua de lluvia y los desechos fecales. El posicionamiento hasta hoy sostenido era el de pensar que después de la inundación del 2003 se pudo elaborar algo del evento traumático, pero al parecer, éste se reactualizó en el año 2007 de tal manera que profundizó la brecha entre los afectados y los no afectados, fragmentando aún más a la sociedad".>
Entre los elementos que se repiten, ubican "la devastación y la inequidad: en el diccionario la palabra devastar significa `destruir un territorio, arrasando sus edificios y azotando sus campos'. Si se utiliza esta definición y se la traslada al aparato psíquico, esta catástrofe impacta en la estructura y se genera pérdida de sentido, percibiendo el agua que viola y arremete un espacio identitario de seguridad y pertenencia, inundando el pasado, los recuerdos, inundando la posibilidad de proyectos; por su parte la inequidad entendida como el conjunto de desigualdades que se consideran injustas y evitables. Estos aspectos se repiten y profundizan". También se repite "que el grupo de psicólogos de APS continúa trabajando en/con las comunidades barriales; acompañando vía celular a pacientes que pasaron las noches del 29 y 30 de marzo de 2007 en sus techos; encontrando a las familias en los distintos centros de evacuados, reinstalando a través del rostro conocido y la palabra amiga algo de las transferencias interrumpidas; acompañando a los organizadores al interior de los de los centros de evacuados y sus rutinas; intentando habilitar espacios de juego para niños; atentos a quienes necesitan retomar tratamientos farmacológicos; ingresando con los compañeros médicos, agentes sanitarios, enfermeros, a los barrios, con piraguas, botes, gomones, lo que sea que permita construir puentes; acompañando al barrio a algunos vecinos para sondear la altura del agua (intentando imaginar el después y preparándolo); visitando y revisitando las familias autoevacuadas y las desalojadas y las evacuadas; intentando ir `programando' algunos turnos que organicen algo entre tanta incertidumbre; volviendo a los centros de salud para limpiar, secar, tratar de recuperar las historias clínicas, los juguetes, los proyectos; informando sistemáticamente a las autoridades las necesidades relevadas en rondas por los barrios y centros de evacuados; intentando tramitar el regreso a las casas en el momento más conveniente con el cuidado de la salud de los grupos familiares; alojando las necesidades, broncas, tristezas, deseos de que los pobladores de estas comunidades tienen respecto a eventos que los vuelven (nos vuelven) a vulnerabilizar".>
Por último, se repite "que el grupo de psicólogos de APS continúa siendo contratado y luchando por sus derechos laborales y sus respectivas incorporaciones como personal de planta permanente dependiente del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe".>
Por último, los profesionales sostienen que "es necesario tramitar el malestar más allá de estas repeticiones para producir diferencia, pero trabajando para apuntalar una estructura que facilite otro tipo de respuestas".>