Apuntes de política provincial
El remedio social
Jorge Obeid firma tres importante mensajes, enmarcados en la reforma judicial que envió a la Legislatura. Foto: Amancio Alem

Por Teresa Pandolfo

Detrás de los hechos que esta semana le estallaron al gobierno de la provincia se encuentra la cuestión social, pendiente de asunción en toda su integralidad. Lo que está diciendo esta periodista no es ningún descubrimiento. Por el contrario, es una situación que se fue profundizando en gravedad con el paso del tiempo, a pesar del crecimiento económico del país.

Como es sabido, la Corte Suprema de Justicia, luego de la muerte de dos jóvenes privados de su libertad e internados en institutos oficiales, ordenó una inspección de todos ellos. La intervención del máximo tribunal vino después de las apreciaciones de dos jueces de Menores, una de Santa Fe y otra de Rosario, que con sus relatos desnudaron la falta de políticas de contención y de prevención.>

El otro episodio guarda relación con las declaraciones de la jueza federal Laura Cosidoy: el reemplazo de todo el personal y de los jefes de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones, y de la División de Inteligencia de Rosario. Fue una determinación asumida por el gobernador Jorge Obeid, que se completa con la indicación, ya seguida por el ministro de Gobierno, doctor Roberto Rosúa, de que se coordinen acciones con la Justicia federal para el control de la venta de drogas.>

Marginalidad

Santa Fe y Rosario exhiben altos niveles de marginalidad y, cuando nos referimos a ella, no estamos indicando la carencia de bienes -que también se da en estas situaciones-, sino un quiebre cultural que muchos ubican como la principal derivación de las políticas de la década del 90. En la opinión de esta periodista, temporalmente, al punto habría que localizarlo antes, pero es muy posible que la exclusión del mercado laboral para un segmento importante de la población haya operado como un factor que profundizó lo que ya venía sucediendo. A la pérdida de los valores tradicionales debemos ubicarla antes de la famosa década menemista.

Desde "Apuntes..." se peca de ser reiterativo cuando se señala que el gobierno y la sociedad civil deberán poner sus mayores energías en la recuperación de la familia, como institución primera, y luego de la escuela. Ambas instituciones son las formadoras de la personalidad del niño; la primera, fundamentalmente, de los estadios afectivos, que resultarán tan determinantes en las etapas futuras del crecimiento y de los comportamientos que se asuman.>

Pero la familia no es sólo el reconocimiento del matrimonio entre un hombre y una mujer, a partir del cual vendrán los hijos. Ésta, aun con un sentido ampliado en cuanto a circunstancias, debe contar con posibilidades de acceso al campo laboral -que es lo que dignifica y da autoridad interna dentro de un hogar-, a una vivienda, a la educación libremente elegida por los progenitores, a una calidad de educación cada vez más exigente, como lo requiere hoy el mundo de las competencias.>

Actualmente, nos encontramos con una brecha cultural enorme entre los vecinos de unos barrios y de otros; no todos sentimos el mismo nivel de pertenencia a una ciudad ni de responsabilidad frente a las cuestiones públicas. Y esto no es fruto de la casualidad, es la consecuencia de la falta de políticas que igualaran para arriba, no con una visión consumista de la sociedad, sino de otros valores que hacen que un lugar pueda seguir siendo habitado por el nivel de convivencia interna logrado. En este contexto, la escuela como política inclusiva frente a la crisis que hoy atraviesa el grupo familiar es fundamental.>

El principio es el principio

De no recomenzar por el principio y negarnos a poner en su lugar las cosas de la vida, serán cada vez más frecuentes los cambios en las estructuras policiales y seguiremos construyendo más organismos oficiales de recuperación y domicilios con más rejas y sistemas de alarmas. Hasta llegará el momento en que alguna mente perdida pensará que la única solución que queda es la construcción de un muro que divida a unos de a otros.

El poder que otorga el voto -el que tiene el gobernante- debe utilizarse para transformar realidades.>

No se ignora el enorme esfuerzo de esta gestión de Obeid en materia de obras públicas; la cuidada administración que genera previsibilidad para las inversiones y el esfuerzo compartido con los otros poderes del Estado para aggiornar la Justicia santafesina -esta semana se mandaron tres importantes mensajes a la Legislatura, uno de ellos, la creación del Ministerio Público que completa la reforma del Código Procesal Penal-. Tampoco, el empeño puesto en la Secretaría de Trabajo para el "flanqueo" de puestos de trabajo y de otras tantas medidas en favor de la producción. Pero lo que no tuvo este gobierno -a lo mejor, le faltó tiempo- fue la intención de producir la transformación social, el remedio social que se requería.>

"No hay políticas sustentables para revertir la pobreza", comentaba por estas horas una amiga de la adolescencia. Las políticas sociales vigentes desde la Nación insumen demasiado dinero y, a veces, han aportado pocos resultados. En la opinión de esta periodista, hay que retrotraerse y mirar cuáles eran los valores que hicieron a este país distinto de otros en Latinoamérica: la autoridad familiar, la honorabilidad en las conductas, la educación como eje de la movilidad social y el trabajo que disciplina y aporta sentido a una vida. Antes existía la pobreza digna -no todos tenían acceso al mismo nivel de bienes ni de oportunidades-, pero no había marginalidad. Existía la solidaridad interna para compartir porque, a través de la escuela o del barrio, se conocía al otro y, juntos, se compartían juegos, ilusiones y emprendimientos. Había más conciencia de que nadie se salva solo y de que todos somos partícipes necesarios para continuar proyectando un futuro de país o de provincia.>

Los valores citados en "Apuntes..." posiblemente ya no lo sean para todos; sólo que quienes intentan reemplazarlos no cuentan con un generalizado asentimiento ni tampoco llevan a estar más conformes con nosotros mismos por nuestro actuar.>