Chichones con manteca

A veces sólo se escribe siguiendo el título, es decir, desobedeciendo los manuales más elementales de la redacción periodística que dicen que el mejor momento para titular es el último posible, después de darle cuerpo a la noticia, la crónica o el comentario.

Los títulos siempre se pueden mejorar hasta que llega la hora del cierre. Para entonces ya se hicieron todos los ensayos necesarios y se encontró el ideal, que finalmente será ajustado en página, en las pantallas de los artesanos de la Sección de Armado, tras achicarse el espacio que dejaron los avisos.>

El redactor sabe que cuando se comienza por el título se corren riesgos. Y que si eso ocurre, es porque puede ver ya puestas en papel unas palabras más corpulentas que las del texto, que ya le resultan fuertemente reales, enteramente provocativas, pretendidamente neutras, francamente expresivas, o simplemente portadoras de una combinación irresistiblemente bella. Y por "chichones con manteca" vale la pena el esfuerzo.>

El texto que justifique el título dirá que hay una escena familiar, que transcurre en una casa cualquiera. En ella, los chicos juegan con sus cuerpos nuevos y flexibles, perfectos y armónicos, en la casa del abuelo. Sus ojos brillan y las carcajadas les mueven las panzas. Ríen con una sinceridad, con una total falta de dudas, una certeza tal de su felicidad, que finalmente se contagia un poco a los demás, ya cubiertos por las cicatrices de la existencia. El que todavía no habla pero sigue a los hermanos y los primos mayores donde sea -y que lleva todas las de perder- previsiblemente se da un golpazo, en medio de una escondida que hace rato que dejó de limitarse al patio. Los padres más viejos exclaman: "íHay que ponerle hielo!", pero las madres más jóvenes tienen nuevas recetas sabias. Recomiendan untar el chichón con manteca porque "así no quedan marcas", según dicen. Nace un título, al margen de la crónica, para la página dos.>

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