El nuevo período ordinario de la Legislatura santafesina se abrió con la aprobación de dos decenas de proyectos de leyes que -mecanismo parlamentario mediante- prácticamente se discutieron sobre finales del año pasado y que recién pudieron ser votados en el recinto esta semana.
Un proyecto de ley ingresado a una Cámara Legislativa es girado a las comisiones del cuerpo respectivo que tienen incumbencia en las materias sobre las que versa la iniciativa y en caso de ser tratado en una de ellas luego es girado a otra y así sucesivamente. Una vez despachado por todas las comisiones se lo ingresa al Orden del Día de la semana siguiente para, entonces sí estar en condiciones de ser aprobado por el pleno y girado a la otra Cámara que en caso de que -repetido el trabajo de comisiones- lo apruebe, lo rechace o bien lo modifica con lo que vuelve a su Cámara de origen. Nuestra Constitución prevé hasta cinco tratamientos en Cámara de un asunto.>
Este lento mecanismo muchas veces es obviado ante la necesidad política de un tema o por acuerdos parlamentarios y es así que hubo casos en que en una sola jornada ambas Cámaras sancionaron una ley.>
La importancia de un texto legal hace prácticamente indispensable el tratamiento reposado de un asunto porque sus efectos pueden medirse en el tiempo y nunca el apuro suele ser buen consejero. Como siempre hay abusos en los tiempos, ya sea por mora o por apuro.>
La otra mora legislativa transformada en callo parece ser la reticencia a que avancen en las discusiones de comisiones proyectos de leyes elaborados por la oposición. La cuestión se agudizó en el último año e hizo prender luces amarillas de advertencia por parte de diputados y senadores de la oposición que observan cómo no avanzan sus proyectos o, si son considerados en una Cámara, van al cajón en la otra. Es cierto que muchos de esos proyectos son testimoniales de determinados sectores políticos, pero otros merecerían un tratamiento más adecuado porque hacen a la institucionalidad de la provincia.>
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