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Ma. del Carmen Caputto
Quizá ya no vuelvan a tocar las fanfarrias, tampoco la ciudad vivirá con el colorido esplendor de otros tiempos uno de sus antiguos mitos. Hoy no asistirán el gobernador ni el intendente, quienes se encuentran acompañando al presidente Kirchner en Mendoza. Los reemplazarán otras autoridades. Sin embargo, como si se tratara de una cita puntual, se abrirán al público las puertas de la vieja casona rosada que alberga objetos singulares, símbolos del rico patrimonio espiritual de los argentinos, y los artistas volverán a vivir su fiesta.
Pocas tradiciones han perdurado con tanta insistencia en Santa Fe como ésta de inaugurar todos los 25 de mayo una exhibición concebida como se hacía a principios del siglo XIX. Por ese entonces, cuando en el París de Baudelaire eran frecuentes los salones, el mundillo del arte vivía las agudas antinomias entre la ortodoxia de los académicos y los desbordes del espíritu inquieto de los románticos. Así nacieron los salones, y fueron cultivo de una fricción profunda que permitió desarrollar el entusiasmo creativo y renovador de los artistas rechazados por los jurados que instituían las normas académicas.>
El museo simboliza todas los núcleos culturales que han contribuido a lo largo de la historia a mantener vivo el amor por la cultura.
En 1923 se crearon los salones. En esos años, el Rosa Galisteo de Rodríguez logró protagonismo en el ámbito nacional a través de estos concursos realizados anualmente y sin interrupción desde hace más de 84 años. Es uno de los pocos concursos nacionales que subsisten en el país, cuyo prestigio ha permitido a través de los premios adquisición que otorga anualmente la provincia y algunos mecenas particulares, actualizar el patrimonio de la institución en este tiempo en que no existen presupuestos para su compra y los recursos destinados al mantenimiento de los museos son escasísimos.>
Los salones conservan su respetabilidad y aceptación a pesar de que aún hoy perduran como competencias gimnásticas con sus reglas y categorías hegemónicas. En un tiempo en que el arte vive una de sus transformaciones más profundas y caóticas, con nuevos lenguajes y soportes que son manifestaciones de una poética de nuestro tiempo.
Cerca de seiscientas obras llegaron para ser juzgadas al Rosa Galisteo, un número significativo si se piensa que los artistas -en general- producen obras alejadas del rigor de las reglas y de las categorías formales de pintura, escultura, dibujo y grabado, tal como se instituye en el reglamento. Este es también un dato indicativo del enorme caudal de producción artística que se realiza en el país a pesar del escaso reconocimiento que tienen los artistas por parte de la sociedad y de las esferas del poder.>
Josefina Robirosa nació en Buenos Aires en 1932. Como artista participó en numerosas muestras individuales en la Capital Federal y en ciudades del interior del país. En los últimos años expuso en la Galería Ruth Benzacar de Buenos Aires. Su obra también formó parte de distintas muestras colectivas de indudable prestigio, como la organizada por Aldo Pellegrini en 1968 que nucleó a pintores del Departamento de Adherentes a los Centros de Arte del Instituto Di Tella.
También participó en otra de las muestras significativas. Por ejemplo, "Panorama de la pintura argentina" organizada en 1970 por la Fundación Lorenzutti y tuvo lugar en las Salas Nacionales de Exposición en la Capital Federal. Nuestra artista invitada expuso en varias oportunidades en el exterior y sus obras forman parte del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En los Estados Unidos está representada en la Colección ITT de Nueva York, en la Colección Albright Knox de Búfalo y otras instituciones públicas y privadas. >
Un catálogo de una de sus muestras en la Galería Ruth Benzacar en 1994, transcribe un texto suyo acerca del arte contemporáneo. En un fragmento del escrito Robirosa reflexiona sobre uno de los axiomas más discutidos en el mundo contemporáneo de los artistas: ..."En lo que respecta al arte actual, quizá el fenómeno más notorio es el afán de reducirlo a todo teoría. Se valoriza en alguna medida el opaco y superficial mundo que construimos los hombres con la mirada restringida de nuestro intelecto.>
"Reducimos el arte a su temporalidad al considerarlo únicamente por su inserción en un contexto cultural o histórico. Incluso se llega a veces hasta un patriotismo cultural mezquino. (El que piensa desde su patria piensa desde un condicionamiento. Todo pensamiento que depende de la herencia es accidental y un perdedero de tiempo, pues no lo trasciende), dice Robirosa.>
En el capítulo titulado "Abstracción libre" del libro "Arte argentino. Cuatro siglos de historia", Jorge López Anaya cuenta que en octubre de 1957, en la Galería Pizarro de Buenos Aires se realizó la exposición "Siete pintores abstractos" que integraron Osvaldo Borda, Víctor Chab, Josefina Miguens -que luego firmará Josefina Robirosa- Rómulo Macció, Martha Peluffo, Kasuya Sakai y Clorindo Testa. "Todos evidenciaban la inclinación hacia una abstracción cálida, entendida esta vía en su sentido más general, como oposición a la abstracción geométrica o fría y como valoración de la expresión espontánea y de la gestualidad inmediata, pero contenida. Las obras de los siete pintores podían agruparse de acuerdo con el uso de los signos, de los trazos libres, de las manchas, de las superficies coloreadas, de las texturas y hasta cierta geometría sensibilizada".
El crítico afirma que la obra de Josefina Robirosa en aquel tiempo estaba fundada en el trazo, en la línea que aparecía como la manifestación del gesto contenido. Estas mismas constantes quizá hoy las puedan descubrir los visitantes que se dispongan a ver los cuadros que se muestran en una de las salas laterales de nuestro museo, como muestra en homenaje a una artista coherente y de trascendencia.>
Hay distintas maneras de mirar una obra de arte, pero debemos tener en cuenta que simplemente nos acercarnos a un horizonte huidizo donde toda explicación es sólo un preámbulo. En el arte -como en la vida- nada es absoluto ni definitivo. El sentido final sólo puede ser apreciado desde una aproximación.
Una obra no se puede interpretar de una manera autoritaria, todo lo que se pueda decir de ella es sólo un análisis provisorio. Las afirmaciones nunca son definitivas porque las características mismas de lo artístico tienen su esencia en esa condición: la multiplicidad de sentidos.>
El arte contemporáneo genera interpretaciones y sentidos diversos. Es como una obra lumínica de Julio Le Parc en la que existen una variedad de significantes cuyo sentido depende de la perspectiva desde donde se mire. El observador debe estar prevenido en estos tiempos posmodernos en que nos toca vivir. La interpretación de una obra es amplia y siempre estará destinada a quedar inconclusa.>
La obra de arte es como una máquina, el espectador es quien debe ponerla en funcionamiento.>