Argentina parece ser un país signado por las paradojas y las contradicciones, por las diferencias entre lo que se pregona y lo que se hace, por las dicotomías entre los gobernantes y los gobernados. Los ciudadanos sienten incertidumbre y no saben bien a quién creer, aunque su realidad cotidiana le esté dando pistas bastante ciertas de la verdad.
El discurso oficial, cuyo principal portavoz es el propio presidente Néstor Kirchner, secundado por un coro obediente de ministros y secretarios de Estado, es el "interpretador principal" de una realidad que cada vez parece ser más virtual. Su discurso se basa en algunos ejes centrales, que se repiten hasta el agobio de los oyentes, pero que están impregnados de una vieja estrategia: cuanto más se reitera un concepto, más se machaca, más impregna al imaginario colectivo sobre su presunta verosimilitud. Pero la estrategia, en general, utilizada por hábiles políticos a lo largo de la historia moderna, ha demostrado que a la larga o a la corta, se cae en la medida en que las palabras no se condicen con los hechos.>
Tampoco vale por demasiado tiempo el omitir persistentemente del discurso oficial algunos temas -que se definen contundentemente con un solo término- como creyendo que al no mencionarlos, simplemente no existen, pierden cuerpo de realidad. Entonces, por ejemplo, en la semana que pasó, cientos de miles de argentinos padecieron la falta de energía eléctrica, escasez de gas y la reducción en la oferta de combustibles. Pero en el discurso oficial, esos fenómenos fueron "ninguneados", interpretados como meras "campañas" de esos enemigos fantasmas que según Kirchner, lo acechan para sacarlo de su puesto de poder omnímodo.>
La realidad de las filas interminables de automovilistas, taxistas, remiseros, fleteros que no podían conseguir combustible para dedicarse a su actividad productiva, no existió en las palabras de los ministros ni del Presidente. El principal responsable del área energética, el polémico titular de Planificación Federal, Julio de Vido, en medio de la crisis por los cortes de varios suministros, se animó a decir en conferencia de prensa que "el sistema respondió a pleno" y que las fallas fueron sólo consecuencia de un frío inoportuno. �Habrá convencido a la gente, que es la que padeció esas carencias? Los que sufrieron falta de combustible, de gas, de energía eléctrica, �creyeron que en realidad el sistema respondió a pleno?>
La confianza de la gente en los dirigentes, se sabe, tiene un límite: y en general esa frontera se cae cuando los padecimientos son demasiado apremiantes. Los 32 muertos de frío en todo el país por indigencia, por falta de asistencia, de oportunidades, de esperanzas en un mundo mejor, constituyeron un "número" récord en los últimos años. Eso ocurrió en un país en el cual, según el discurso oficial, la pobreza y la indigencia se redujeron a más de la mitad, y la desocupación bajó hasta el dígito. Los números que se pregonan desde los púlpitos oficiales no tienen mucho que ver con lo que la gente percibe. �Ese discurso genera convicción? La gente más dejada de la mano de Dios, �cree realmente que el país está saliendo del infierno y que en pocos meses más estará en el purgatorio, como gusta decir el Primer Mandatario?
Pero la calle dice algo nítido: la gente está molesta de enfrentarse día a día con protestas callejeras sin control, en las que un puñado de personas se adueñan de las necesidades de la gente común, que padece sin ser protegida por nadie. Los servicios públicos, además del energético, el de transportes y hospitales, son un verdadero calvario: las personas normales, las que no tienen dinero para trasladarse en autos lujosos, o para atenderse con sistemas de medicina prepaga carísimos, no ven que en esos lugares manejados por el Estado las cosas hayan mejorado como se proclama desde el poder. Tampoco los consumidores de la clase media hacia abajo constatan lo que se dice desde la Casa de gobierno y el Ministerio de Economía, de que lo que pasa es que "la tensión del crecimiento" rebota en un aumento de precios, porque lo que ha crecido es la demanda.>
La administración Kirchner parece haberse especializado en sofismas. Como se sabe, éstos se creen al principio pero luego la contundencia de los hechos los reduce a polvo. Tampoco el gobierno puede convencer a la gente de que desgracias que existen, no lo son porque no se las nombra en los discursos oficiales. No hay delincuencia, no hay inseguridad. Eso debe creer el presidente Kirchner, quien jamás, en sus casi cuatro años de gestión, mencionó alguno de esos términos en público. Tampoco hay violencia en las calles y las rutas, donde el índice de accidentes de tránsito y el número de víctimas ya es apabullante. No hay descontento de trabajadores: los que protestan, sólo lo hacen para perjudicar al gobierno, acicateados por los malévolos dirigentes de la oposición, según el discurso presidencial.
Es verdad que la imagen del Presidente viene cayendo lenta, pero constantemente. Los principales candidatos de la ciudad de Buenos Aires tampoco mencionaron algunos términos clave para el saneamiento de la política: la palabra "corrupción" no apareció nunca en el discurso de ninguno de ellos. Ni siquiera de los que se oponen a Kirchner. �Habrá sido por un pacto tácito, porque esta Argentina del 2007, a cinco años del grito de "que se vayan todos" sigue siendo la misma, su sistema político está intacto, y la democracia y la República siguen aguardando a que se las honre?>
Carmen Coiro. DyN